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HorizonteRamón Pérez-Maura

La caída del Paquirrín de Sánchez

Ya sabemos que Sánchez deja tirados a lo más fieles. Para él sólo existe su persona. Su Paquirrín se ha dejado la vida defendiendo su causa con abuso de la ley. Pero dicen que cometió el pecado de apoyar a la candidata equivocada en las primarias para elegir candidato a alcalde de Madrid

Están nerviosos. Hacen lo imposible por fijar un relato que poco tiene que ver con lo que debería estar encima de la mesa hoy. Frente a la corrupción, la prostitución y los manos derechas en la cárcel, hay que hablar del amor. Mucho amor. Como decía ayer un amable lector, Baxán, de cuyos comentarios a mis columnas me fío mucho, «no olvidemos el rasgo orwelliano de la campaña frentepopulsta: ‘la fuerza del amor’. En el 1984 de Orwell, la represión policial corría a cargo del ‘Ministerio del Amor’. En esas estamos». Y en bailar, que es una forma de decir que todo te resbala. Y así creen que están recuperando algo del voto perdido. Aunque yo más bien creo que siguen canibalizando a la extrema izquierda, alejando todavía más la posibilidad de una victoria del bloque de la izquierda.

Ha sido muy divertido ver la salida de Sánchez –grabada antes de que se hiciera pública la noticia– denunciando la alianza al Senado de PP y Vox. Está en su derecho. Pero una vez más nos presenta a un PSOE con complejo de superioridad. La legitimidad democrática la dictaminan ellos. Y Sánchez decreta que Vox no es un partido democrático y encarna la amenaza de la ultraderecha, mientras que sus aliados como los comunistas que van en las listas del PSOE y el Frente Amplio deben ser demócratas prístinos. Aquí había que tener miedo a la llegada de la ultraderecha que iba a arrasar con todo, pero por ahora lo que estamos viendo en La Coruña, Avilés, Bilbao o Barcelona no parece provocado por los militantes de Vox. Aunque no sea más que porque en Bilbao gritan ¡Gora ETA! Y esto parece más de los aliados de Sánchez.

Pero yo creo que el mejor síntoma del momento que está viendo el PSOE nos lo ha dado Francisco Martín a quien he oído a su amiga Isabel Díaz Ayuso llamar Paquirrín. Muy acertado apodo. Yo creo que es muy difícil pasar en horas 24 de ser el Cid Campeador del sanchismo contra la infiel Ayuso a marcharte a tu casa con una mano delante y otra detrás entre la indiferencia absoluta de tus compañeros de filas. Ya comprendo que no esperaba un escaño en las Cortes como símbolo de gratitud por los servicios prestados. Antes que eso lo necesitaba como escudo de inmunidad frente a los procesos legales que probablemente le esperan. Él sabrá por qué cree que puede verse en los tribunales.

Ya sabemos que Sánchez deja tirados a lo más fieles. Para él sólo existe su persona. Su Paquirrín se ha dejado la vida defendiendo su causa con abuso de la ley. Pero dicen que cometió el pecado de apoyar a la candidata equivocada en las primarias para elegir candidato a alcalde de Madrid. Porque ya se sabe que para eso están las primarias en el PSOE: para apoyar a quien diga Sánchez. Ni media broma.

Dicho lo cual la dimisión de Paquirrín Martín es muy indicativa de otra cosa: por más que saquen a Iván Redondo a pasear y a contarnos que la cosa depende de «tirar un penalti» y cursilerías así, la realidad es que si Paquirrín de verdad creyera que el PSOE tiene la más mínima posibilidad de volver a formar gobierno no hubiera dimitido. Porque una cosa es no ponerle en la lista al Congreso, que está muy demandada y muy otra es despedirlo limitándote a agradecer los servicios prestados. Pero, conociendo a esta gente, todo es posible.