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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Fran Martín, asesinato en el Politburó de Pedro

Que te gane por la mano alguien como el actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, un político que respira por los poros el fracaso de no haber sido presidente de la Comunidad por el «tamayazo», un sectario de primera hora del sanchismo, tiene que sentar muy mal

Al ya exdelegado del gobierno en Madrid, Francisco Martín Aguirre, le encaja como un guante el hermoso poema de José Hierro: «Después de todo, todo ha sido nada, a pesar de que un día lo fue todo». El delegado gubernamental que más pelos democráticos se ha dejado en la gatera institucional, el brazo armado del sanchismo en Madrid, el ariete que se ha enfrentado con la presidenta de la Comunidad y el alcalde para intentar robarles votos para su partido, el jefe de la Policía que respaldó el ataque contra la vuelta ciclista y ha apadrinado estos días la acampada de Sol, el socialista que dijo que Bildu había contribuido más a la democracia que los ciudadanos que llevan pulserita con la bandera de España, resulta que ha sido mandado al desván no por Adenauer, sino por Rafael Simancas. Es entendible que haya cogido el dos y se haya largado. Que te gane por la mano alguien como el actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, un político que respira por los poros el fracaso de no haber sido presidente de la Comunidad por el «tamayazo», un sectario de primera hora del sanchismo, tiene que sentar muy mal. Hasta el vasallaje más lanar tiene sus límites: la humillación.

Después de tres años de guerra con Ayuso y Almeida, resulta que el Sumo Líder no elige a Fran para engrosar una lista por Madrid cuyos puestos valen su peso en oro, digo en aforamiento. Parece que pintan bastos para los restos del sanchismo, y que las imputaciones pueden caer como fruta madura, y Francisco Martín –Fran, para Pedro– se duele de que el día que se hunda el 'Titanic' no cuente ni siquiera con unos manguitos para no ahogarse en algún proceso judicial. Si encima, no es solo que hasta Simancas te haya ganado, sino que has visto que buena parte de tus compañeros en las delegaciones del gobierno de toda España han sido incluidos en sus respectivas candidaturas y tú sigues in albis, pues el corazoncito te dice que no, que para este viaje a los juzgados de primera instancia como un ciudadano normal, no hacían falta las alforjas de haber comprometido toda tu carrera política, que empezó de recaudador de dinero en 2017 para Pedro con el controvertido Bancal de Rosas del que todavía no ha aflorado toda su mugre y siguió de sherpa en la Moncloa, a mayor gloria del jefe.

Fran no ha entrado en la lista electoral, pero sí Pilar Bernabé, su homóloga en Valencia; Fran no ha entrado, pero sí Adriana Lastra, su homóloga en Asturias; Fran no ha entrado, pero sí Pedro Fernández, secretario provincial en Granada, que será el número uno por el Senado, y así, suma y sigue. Y no solo han sido colocados en las papeletas los delegados del gobierno, también siete subdelegados. Es el recochineo, pensará Fran. La excusa que le han dado es que la lista madrileña está muy cotizada y además es cremallera, por lo que tienen que alternarse hombres y mujeres para cumplir la norma autoimpuesta. Ha habido que hacer sitio a Margarita Robles, Félix Bolaños, Marlaska y hasta a Borja Cabezón, el único íntimo amigo que le queda a Sánchez, tras la caída de Ábalos, Santos y Salazar, y adjunto a Rebeca Torró en Ferraz; un personaje, no lo olvidemos, con sospechas de sociedades interpuestas para pagar menos impuestos. Así que ha sido imposible imprimir en la plancha por Madrid a quien ha enfurecido como ningún otro delegado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, por su inacción frente a los disturbios en Sol. Ya fue imputado, y luego exonerado, en la causa de la asistente de Begoña Gómez, a la que contrató en Moncloa y no evitó que su tiempo lo empleara en los negocios privados de la consorte presidencial.

Es digno de conmiseración el bueno de Martín, al que acusan –para justificar su castigo– de haber apoyado a la candidata que comprometía el futuro de Reyes Maroto como cabeza de lista al Ayuntamiento de Madrid. Él, Fran, que se consagró dirigiendo la exhumación de Franco del Valle de los Caídos, ha tenido que oficiar en soledad su propio entierro político. Ayer se despedía con una carta en la que admitía «errores», mientras sus jefes están bastante enfadados con él porque consideran «una deslealtad» su marcha en plena precampaña. No hay derecho a un trato como el que ha recibido, a pesar de lo dicho por Koldo a Santos Cerdán en las conversaciones interceptadas por la UCO: «Ah, por cierto –le advirtió en 2022 el portero de clubes al exsecretario de Organización de su partido– ten cuidado con Fran en Moncloa. Me han comentado que es un hijo de p… con patas». Y Santos le contestó: «Ya lo sé». Pero ni siquiera ese Fran que dibujan merecía este asesinato un fin de semana de octubre en el Politburó pedrista.