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Cartas al director

Habitaré mi nombre

Dime tu nombre, dime quién eres. De hecho, «¿cómo te llamas?» es lo primero que preguntamos cuando nos acercamos a alguien que no conocemos, y así ha sido desde hace milenios. El nombre dice mucho de nosotros y de quienes nos lo han puesto.

La antropología del nombre es un campo de estudio que se interesa por el nombre como parte de la identidad de las personas. La filosofía invita a las personas a habitar su nombre propio, a desplegar su vida en él y no a quedar atrapados en él. La expresión «habitaré mi nombre» tiene un sentido filosófico que busca que cada persona reconquiste su libertad a partir de su nombre propio.

Utilizar el nombre de una persona indica que te importa quién es. Es una manera de demostrar que te has tomado el tiempo para recordar y personalizar tu interacción. ¿Sabías que el nombre propio de cada persona es la palabra que más le gusta escuchar a la gente?

No importa el nombre que nos dan en el registro sino el que decidimos hacernos con paciencia en el largo divagar de existencia en existencia, ajenos a nosotros mismos.

Para los judíos, los nombres tienen un significado profundo y revelan identidad, historia, y tradición. Los nombres judíos pueden también indicar vínculos con una comunidad, valores, y esperanza. En la Biblia, aparece la frase «y le pondrás por nombre» en varios versículos, entre ellos Mateo 1:21. Ya en Edén Dios dijo al hombre que pusiera nombre a los animales y cosas. Génesis 2:19-20. ¿Qué significa cuando Dios te llama por tu nombre? Cuando Dios te llama por tu nombre, hace mella sobre lo más profundo de tu ser. Pues tu nombre es una llamada. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Rafael de Miguelsanz

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