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Cartas al director

El ídolo chino

Este verano, quizá efecto del calor, he escuchado a personas en principio normales afirmar, convencidas, que de buena gana sustituirían el sistema democrático, en el que aún queremos vernos, por otro similar al chino, del que se declaran admiradoras. El argumento es que no vale de nada votar puesto que luego los políticos no cumplen sus promesas electorales así que, concluyen, mejor sería un Gobierno eficaz que solucione los problemas reales.

Los que así discurren no ven ningún perjuicio, ni para la sociedad ni para sí mismos, en entregar su libertad y sus derechos a cambio de mano firme en el timón del Estado. Un poco como ser masoquista político.

Con este Gobierno, esos entreguistas de sus derechos a cambio de que siempre gobiernen los suyos sin ataduras ni molestos controles, judiciales, parlamentarios, de prensa ni tan siquiera del populacho, están satisfechos.

El Gobierno se propone controlar cuándo una comunidad autónoma puede pedir préstamos bancarios y cuándo no, en una centralización que pondría a los socios al borde del paroxismo, si se les aplicara también en sus cortijos.

En lo personal, sólo le falta a este gobierno aprobar la Ley Seca, pues fumar lo prohibirán incluso en terrazas de bares y también quieren prohibir la prostitución, quizá para expiar sus culpas.

Prohíben manifestaciones que no son de su gusto, pues expresan el malestar social ante la inmigración descontrolada, mientras aplauden concentraciones que ponen en peligro la Vuelta a España y la vida de los corredores.

Algunos seguimos defendiendo la democracia y la Constitución. Estos somos los llamados 'fachas'. Qué se puede esperar de un Gobierno que llama «genocida» a un Estado democrático mientras envía dinero, el nuestro, en apoyo de un grupo terrorista.

A pesar de Argentina y lo de Karina, quisiera terminar, si les parece, con aquel « ¡Viva la libertad!». Añadan lo que quieran a la frase, que aún somos libres en el sofá de casa.