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Cartas al director

Zaqueo baja, que quiero hospedarme en tu casa

Leemos en el Evangelio que multitud de personas seguían a Jesús, porque sanaba a los enfermos, los ciegos veían, los cojos andaban, los leprosos quedaban limpios, multiplicaba los panes y los peces, y hasta resucitaba a los muertos. Entrando en Jericó, había allí un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico. Hacía por ver a Jesús, pero no podía porque había una muchedumbre y era bajo de estatura. Corriendo adelante se subió a un sicomoro para verlo, pues había de pasar por allí. Cuando llegó a aquel sitio, levantó los ojos Jesús y le dijo: Zaqueo, baja pronto, porque hoy me hospedaré en tu casa. Y se pregunta: ¿Cómo es que entre esta multitud me llame a mí?

Él bajó a toda prisa y le recibió con alegría. Viéndolo, todos murmuraban de que hubiese entrado a alojarse en casa de un hombre pecador. Zaqueo, en pie, dijo al Señor: Señor, doy la mitad de mis bienes a los pobres, y si a alguien he defraudado en algo, le devuelvo el cuádruple. Jesús le dice: hoy ha venido la salud a tu casa, por cuanto éste es también hijo de Abraham; pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido. ¡Quien fuera como Zaqueo, que bajó a toda prisa cuando Jesús le llamó.