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Cartas al director

Respeto al adversario político

Lamentable situación de la política nacional. Vemos, con frecuencia, en el Congreso y Senado un espectáculo penoso e intolerable. Se olvida que uno de los valores parlamentarios más preciados es hacer posible la convivencia entre diferentes. El logro de esa convivencia sólo se entiende gracias a unas actitudes y unos controles que permitan un debate respetuoso, abierto y sincero, manteniendo una educación en las formas y en el fondo que eviten una confrontación descarnada. El respeto al contrincante o adversario político es condición indispensable en todo estado democrático, base de la convivencia. Pero en nuestro caso, hay mediocridad a raudales, y se empieza por no considerar al opositor, empezando por el propio Gobierno, como un elemento indispensable de la democracia, sino como un enemigo a batir al precio que sea, utilizando «el todo vale». Necesitamos un cambio, comenzando por mostrar unas actitudes individuales que predispongan a un debate de ideas serio, tolerante y educado. Los excesos verbales que no respetan una prudencia elemental hacen dificil un debate político fructífero. Estas condiciones elementales de los sistemas democráticos no se dan con frecuencia en nuestro país. Una templanza en las intervenciones de nuestos parlamentarios sería bienvenida. Respeto elemental al adversario político; riqueza en los argumentos que se expongan; contención en los excesos verbales; desterrar el improperio, la hipocresía y la mentira; elevar el nivel de los debates. Ese debe ser el camino. Si no es factible la convivencia respetuosa con el rival en el Parlamento y el destierro de la mediocridad ¿cómo va a ser posible que se den en la sociedad? Es pedir un imposible. ¿Serán capaces de enmendarse nuestros parlamentarios?