Cartas al director
Un rey amordazado
A lo largo del moderno, pero raquítico y escuálido discurso del Rey Felipe VI en la pasada Nochebuena, he podido comprobar que este no se ha atrevido a pronunciar la palabra «corrupción», vocablo que durante todo el presente año ha barrido todos los medios de comunicación, tertulias y reuniones familiares de España. No pretendo herir a la prole monárquica, pero lo cierto es que en los tiempos que corren, la figura del Rey solo sirve para blanquear malamente la ineficacia del Gobierno de Sánchez, pero ya que aquel no tiene ningún poder ejecutivo, al menos podría aprovechar mucho mejor lo único que tiene a su alcance: transmitir mensajes valientes para hacer frente a la dictadura progre que nos gobierna.
Sin olvidarnos de su lamentable amnesia, para no felicitar a la reciente Premio Nobel de la Paz, nuestra hermana hispanoamericana, Corina Machado, verdadera heroína frente a la dictadura chavista. Y que conste que no soy antimonárquico, porque, aunque ambas instituciones, República y Monarquía, son legales según países, prefiero esta última porque es testimonio de lo que España ha sido en el contexto de la historia universal, pero me duele en el alma tener un Rey maniatado por el corrupto Gobierno de Sánchez.