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Cartas al director

La incoherencia de María Jesús Montero

Conociendo los orígenes de la actual vicepresidenta primera del Gobierno, ministra de Hacienda y candidata del PSOE a la presidencia de la Junta de Andalucía, en lo que respecta a los principios políticos en donde se formó desde muy joven, o sea, el marxismo dogmático, debería recordar lo que Carlos Marx, que no los Hernanos Marx, defendió sobre el principio de igualdad, como medio para superar el sistema de lucha de clases y llegar a la utopía de una sociedad sin clases: «De cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad».

Esto, aplicado a los territorios, significa que un progresista, socialista que conserve algo del marxismo, no puede compartir en la financiación de los territorios, que en unas comunidades autónomas se le conceda más privilegios que en otras, como bien le han exigido sus propios compañeros de Castilla-La Mancha, donde aún gobiernan.

Cataluña, junto con Madrid, son las comunidades más ricas y donde más se recauda, por lo tanto, deben recibir menos fondos del Estado central para que se cumpla eso de «cada cual según su capacidad», por la sencilla razón que las comunidades más pobres –Extremadura, Castilla–La Mancha, entre otras, y Andalucía con su deuda histórica sin cobrar, que tanto defendió cuando era consejera andaluza, vaya equilibrándose, y se reduzca, equitativa y progresivamente los desequilibrios territoriales. Para eso se creó, en democracia y con la Constitución en vigor, el Fondo de Compensación Interterritorial.

La señora Montero tiene dos almas, una, su servilismo a Pedro Sánchez y la otra, su compromiso con Andalucía, ya que es su actual secretaria general. Pero las dos son incompatibles. No puede consagrar la «singularidad» ni la «ordinalidad», es injusto, antiprogresista, retrógrado y va en contra de los fundamentos históricos del PSOE.

¿Recuerda la señora Montero lo del referéndum andaluz del 28 de febrero de 1980? Como todavía es muy joven, igual no. Pues que pregunte a sus mayores.

Ser marxista no es seguir a los Hermanos Marx y eso de «Éstos son mis principios, pero si no les gustan, tengo otros». Y los ha cambiado, obviamente, en favor de los ricos y privilegiados.

Que sea un liberal, quien tenga que recordar ciertas cosas, desde luego tiene su aquél.