Cartas al director
El problema es la mala gestión
Los accidentes ferroviarios han destapado la mala gestión de las infraestructuras y deberían dar lugar a un debate profundo en el Parlamento (si alguna vez vuelve a funcionar como lo regula la Constitución) y en la sociedad. Hemos descubierto que Europa avisó del mal estado de la línea del AVE Madrid-Sevilla y dio importantes fondos para su puesta a punto, que los técnicos del Ministerio de Transportes advirtieron de los riesgos y deficiencias en la ejecución de las soldaduras, que los maquinistas alertaron del problema, que los ciudadanos viajaban entre traqueteos y hasta que los empleados del bar se habían quejado de que se les volcaban los alimentos.
Eso en «la edad de oro del ferrocarril» según el ministro Óscar Puente, al que criticamos por «hacerlo todo bien». Lo mismo sucede con las carreteras, cada vez peor porque, como en el tren, el mantenimiento indispensable es deficiente. Exigir una gestión profesional de los servicios públicos es lo mínimo. Que Óscar Puente no sepa cuándo se va a reanudar el servicio, que se convierta la alta velocidad en velocidad mínima aunque se siga cobrando como «alta», y que el ministro diga que es culpa del PP y que no se resuelven los problemas en dos días, cuando llevan más de siete años de gobierno es un insulto a los ciudadanos.
Pero los servicios públicos funcionan cada vez peor por diversos motivos: falta de inversión, gestión deficiente, colocación en los puestos de responsabilidad de los ministerios y de las empresas públicas de personas de fidelidad política garantizada, pero escasa o nula experiencia. Casi todos los servicios públicos funcionan peor que hace diez años a pesar de que el gasto del Gobierno en 2025 fue de casi 80.000 millones más de lo establecido en los Presupuestos de 2023, –los que valen porque este Gobierno ha sido incapaz de aprobar otros desde entonces... ¡80.000 millones más en un año! Gestionados de forma ineficiente e irregular mediante modificaciones de crédito, redistribución de partidas, ajustes o créditos extraordinarios, sin debate, sin transparencia y sin someterse al control parlamentario.
Y, lo que es peor, sin que la oposición haga su trabajo en serio, investigue la legalidad de esos trueques entre partidas mientras los ciudadanos nos comemos el aumento de la presión fiscal y «permitimos» que no se deflacte el IRPF con la inflación y paguemos más cada año para que el Gobierno esté dispuesto a romper la caja única y contente a sus socios catalanes, cancelando sus deudas con nuestro dinero y dándoles más instrumentos para ahondar los privilegios y las diferencias con el resto de los españoles.