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Cartas al director

La geopolítica del doble rasero

La Carta de las Naciones Unidas (1945), en su Artículo 2.4, prohíbe el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado. Sin embargo, este principio de soberanía se vuelve elástico dependiendo de quién sea el actor y quién la víctima.

Hoy se utiliza la narrativa de los Derechos Humanos para presionar a naciones como Irán, invocando la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948). No obstante, esta conciencia global sufre de una ceguera selectiva:

El silencio en África: conflictos con millones de desplazados, como en la República Democrática del Congo, apenas activan la maquinaria de la legalidad internacional. Alianzas estratégicas: Mientras se demoniza a unos, se mantienen vínculos con potencias como Arabia Saudí, ignorando que el derecho internacional debe ser universal, no un menú a la carta.

Para entender el escepticismo actual, debemos recordar julio de 1995 en Srebrenica (Bosnia). Bajo la Resolución 819 del Consejo de Seguridad, la ONU creó «zonas seguras» donde soldados (cascos azules holandeses) permitieron una masacre ante su propia mirada. Este episodio demostró que la «legalidad» no garantiza protección si no hay una voluntad política detrás.

Desde la adopción del principio de Responsabilidad de Proteger (R2P) en 2005, las intervenciones han servido más para reconfigurar el poder que para salvar vidas. Bajo mi punto de vista, el mundo camina hacia una «partitura» dirigida solo por tres batutas: EE.UU., China y Rusia. Recientemente, hemos visto cómo EE.UU. Rusia y China condenan ataques en la ONU apelando a la misma legalidad que otros ignoran. Estos tres gigantes están consolidando un triángulo de poder que define las reglas del juego global.

En este concierto de fuerzas, la vieja Europa parece haberse quedado sin entrada. Aquella que fue cuna del derecho moderno hoy observa desde la barrera cómo el guion se escribe en Washington, Pekín y Moscú. La irrelevancia europea en los grandes conflictos actuales confirma que la moral internacional ha sido sustituida definitivamente por la geopolítica de bloques.

Si el derecho internacional no es igual para todos, deja de ser justicia para convertirse en propaganda. No se trata de defender a las víctimas, sino de decidir a qué muertos se les permite tener voz y a cuáles se le condena al olvido.

¿Se trata del petróleo o de defensa de derechos humanos?