Cartas al director
Frente al odio, diálogo, no 'Hodio'
Vivimos tiempos convulsos donde el odio, explícito o camuflado, campa a sus anchas en defensa o adhesión a las ideologías, como nos muestran varios episodios a lo largo y ancho del globo terráqueo. Parece que tener ideas, da igual las que sean: políticas –de derechas o izquierdas, extremas o no–, religiosas, sociales... o de lo que se tercie; están por encima del respeto a la dignidad de la persona y justifican todo: la violencia, los insultos, las vejaciones...
Para arreglar este mal global, y como nueva cortina de humo, el gobierno ha creado la Huella del Odio y la Polarización (Hodio): «es una herramienta desarrollada por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones a través de Oberaxe». Lo que Hodio y sus promotores no pueden entender, es que una cosa es estar polarizado y otra, bien diferente, es tener polaridad. Ya que cualquier ciudadano tiene derecho a expresar sus ideas. Es lo que llamamos, en democracia, libertad de expresión. Que no es lo mismo que poner nuestras ideas por encima de las personas, o atacarlas por sus razonamientos, ya que genera un discurso de odio. La polaridad está en el plano de las ideas y su defensa. La polarización está en el plano personal y del ataque.
En los tiempos que corren, una persona cívica, si es reconocida por algo, es por esto. Por respetar a los demás por lo que son, personas, y no por lo que dicen. Ya que son capaces de salvar sus distancias ideológicas y de buscar lo que les une. Es decir, destacan por la capacidad de tender puentes y de dialogar. Y por contra, el incívico, si es reconocido por algo, es por faltar al respeto y por no tolerar ideas diferentes a las propias.