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Cartas al director

El ocaso de los nacionalismos

Estoy convencido de que los nacionalismos tienen los días contados. No tienen encaje en los tiempos que corren. Sus baluartes se agarran a una supuesta identidad compartida, que ya no es tal. Un 14 por ciento de la población vasca tiene origen extranjero. En Cataluña, los originarios externos superan el 25 por ciento. El 20 por ciento en el caso de la globalidad española. Las fusiones interestatales, los mercados globales, las asociaciones supranacionales que entregan soberanía a cambio de fortaleza grupal, no casan con los pequeños mundos nacionalistas.

La aspiración estatal queda en el reclamo aldeano electoralista de una minoría. Si Bildu en Euskadi dispone de tanta ascendencia, es, por supuesto a mi entender, más por su connotación de izquierda franca y transparente entre los jóvenes, que por su impronta nacional vasca. Y si no que alguien me explique como Podemos venció en 2015 en Euskadi con el 26 por ciento de los votos. A los nacionalismos les queda la lengua propia como bastión de enganche. Sacrosanta arca de la alianza, hoy día en creciente pugna con el árabe dialectal. Siempre aferrados a ellas, aunque Aitor Esteban proclame que el euskera es de todos. Qué gran verdad, señor Esteban, de no ser porque no entregan un ápice en el acceso sin euskera a la Administración Pública vasca. O sea, un trampantojo y un embuste clientelista, a quien a mi entender se aferra al nacionalismo, no tanto como identidad, compartición, proyecto de vida, raíces, sino como singular medio de vida de quienes en él encuentran su particular sustento. A quienes aspiran a abrir una puerta giratoria que les entregue acomodo a quienes en su vida han hecho otra cosa. Aguardo, aspiro a la oscuridad de los nacionalismos, en aras de una sociedad siempre en litigio, que muy probablemente será manipulada desde otros prismas y en otros derroteros. Una sociedad, en cualquier caso, que no encuentre en los nacionalismos un arma siempre esgrimida para la confrontación, sino un recinto que posibilite el debate y un acuerdo.

Enrique López de Turiso

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