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Cartas al director

La hipocresía del carnet de identidad

El debate sobre el lema «los españoles primero» suele estar viciado por una profunda hipocresía política. Como ciudadano, considero equivocado priorizar por origen nacional si cualquier otra persona trabaja, cotiza y cumple con sus obligaciones; sin embargo, resulta fascinante observar cómo este eslogan es condenado como xenófobo por quienes, desde Cataluña y el País Vasco, practican un «nosotros primero» ejecutado con precisión quirúrgica.

Esta doble vara de medir permite que quienes tachan de «fascismo» la prioridad nacional, sacralicen al mismo tiempo la identidad regional como un título de superioridad moral que justifica privilegios. Mientras rechazan la frontera estatal en nombre del cosmopolitismo, levantan murallas administrativas y lingüísticas invisibles. Imponen el requisito del idioma como una aduana profesional que impide que un médico de Madrid compita en igualdad en Bilbao, aunque un vasco sí pueda hacerlo en cualquier lugar de España. El DNI, ese documento que debería garantizarnos igualdad, se vuelve insuficiente ante el pedigrí identitario.

La contradicción es flagrante: se tacha de insolidario al Estado mientras se blindan sistemas como el concierto económico o se agita el «España nos roba». Es un patriotismo de cartera que exige solidaridad ajena, pero aplica cláusulas de arraigo local para las ayudas sociales. No se puede denunciar la exclusión mientras se utiliza la lengua como filtro para blindar la función pública bajo el lema del «nosotros primero».

Al final, su indignación no nace de una defensa de los derechos universales, sino de que el eslogan nacional compite con su propio mantra interno. La realidad es que no están en contra de los privilegios, simplemente exigen que estos sean exclusivamente suyos. Es hora de denunciar este etnocentrismo de guante blanco: su solidaridad termina exactamente dónde empieza su frontera administrativa.