Cartas al director
Hollywood y Sánchez
Uno recurre en agosto en Madrid al cine más previsible con el propósito expreso de no pensar. Sofá y, por enésima vez, Harrison Ford desalojando terroristas de su avión o Bill Pullman al mando de un caza contra los «marcianos langosta».
Este año, sin embargo, el sedante no hizo efecto. Quizá porque acabamos viendo aquello que tenemos en la cabeza, y yo llevaba semanas rumiando la ausencia del presidente mientras Ceuta se desbordaba.
No hace falta salir en un caza a matar alienígenas ni enfrentarse a terroristas en pleno vuelo. Tampoco se le pedía una hazaña cinematográfica. Bastaba con algo bastante menos espectacular y mucho más exigible a un presidente: estar allí.
Lo ocurrido en Ceuta fue de otro orden. Miles de personas entraron en cuestión de horas, los servicios de una ciudad española quedaron desbordados y el Gobierno tuvo que afrontar una situación extraordinaria. Sánchez, sin embargo, no alteró sustancialmente su agenda vacacional. Su visita a Ceuta fue breve y después llegó un silencio que se prolongó durante semanas. Ni comparecencia ni explicación. Lo único que salió puntual de la Moncloa fue su lista de canciones del verano, por si al país le hacía falta banda sonora (se le olvidó El chiringuito).
No es una cuestión de arrojo, sino de oficio. Nadie espera que un presidente se comporte como un personaje de Hollywood. Pero sí que aparezca cuando una ciudad española vive una situación crítica. Y más aún cuando las explicaciones de Interior, Defensa y Exteriores no terminan de encajar entre sí y cuando las críticas llegan incluso desde quienes forman parte del propio espacio político del Gobierno.
De modo que, en esta película, Sánchez no se parece tanto a Harrison Ford como a la presidenta Orlean de No mires arriba: esperar, calcular y confiar en que el desastre pase de largo.
Nadie reclama testosterona diplomática. Entre pilotar un caza y no comparecer media un margen inmenso y, además, bastante sencillo de ocupar: dar la cara, explicar qué se está haciendo, qué se está negociando con Rabat y, sobre todo, decirles a los ceutíes que el Estado está ahí, acompañando, consolando.
A Sánchez se le reconoce una extraordinaria capacidad de supervivencia política. Ha salido de callejones que parecían sin salida y ha convertido la resistencia en una forma de gobierno. Pero llegar vivo al capítulo siguiente no es necesariamente gobernar.
Y en Ceuta no tocaba resistir.