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Cartas al director

Estrujarse el cerebro

Este siglo tecnológico también lo es de aprendizaje. Lo hicimos con los primeros móviles, cuando los jóvenes descubrieron el potencial de los SMS. La evolución de esa herramienta también fue formación en usos y aplicaciones desconocidas.

La inteligencia artificial lleva el mismo camino. La velocidad de su evolución ha creado agentes que realizan tareas repetitivas, como atender el correo, liberando al usuario de esa labor ardua. Cunde la idea de que la IA «matará» todo proceso creativo y los trabajos iterativos.

Pero de lo que no se habla es del potencial para el cerebro humano que conlleva seguir preguntando y cuestionando a esta herramienta con cuestiones cada vez más complejas. Es un reto que exige un pensamiento crítico muy diferente al que fomenta la educación actual. No hay que olvidar que, en la interacción con la IA, ambos, usuario y máquina, vamos aprendiendo. Es una oportunidad para dar un salto cualitativo, siempre que los valores éticos y morales estén presentes. Estrujarse el cerebro es el reto: en un momento en que este órgano busca constantemente el ahorro energético, la IA puede ser el peso que nos obligue a levantar.