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Cartas al director

Los culpables de todo

Este fin de semana leí una columna en la que se afirmaba que los responsables de los malos datos del informe PISA sobre el rendimiento de los estudiantes son… ¡los padres! Manifestaba ese buenismo simplón por virtud del cual, los profesores, por defecto, son buenos, responsables, vocacionales, prestigiosos, cultos, sabios y pacientes y, por el contrario, los padres somos unos irresponsables, egoístas, inconscientes y maleducados porque dejamos a nuestros hijos los móviles para tenerlos entretenidos. Y peor: lo hacemos nosotros mismos y con ello creamos el caldo de cultivo pertinente para que nuestros hijos sean unos esclavos de las pantallas a imagen y semejanza de sus progenitores.

No sé de quien es la culpa del bajo rendimiento de los estudiantes. Imagino que influyen varios factores, entre ellos, los propios estudiantes, y sí, por supuesto, también los padres, pero también los contenidos curriculares, las influencias sociales, lo poco que se lee, lo poco que se escribe, lo poco que se piensa, lo mucho que se perrea y sí, también de algunos profesores, que –lejos de ser el paradigma de la perfección profesional– muchos, o algunos, son unos incompetentes, la mayoría bajo el disfraz de «tipo duro que suspende mucho».

Ese maniqueísmo woke instalado a la fuerza en la sociedad que identifica al profesor, al sanitario («Santa Sanidad» y «Santa Educación») y a algún gremio más con la generosidad, la solidaridad y el altruismo (como si no cobrasen un sueldo ni tuvieran vacaciones) y a políticos, banqueros y empresarios con la explotación, la mentira y la usura, es de una simpleza extraordinaria, porque –y gracias a Dios– no somos todos iguales.

No obstante, la memez de no ver –ni pensar– más allá y repetir tópicos muestra que, efectivamente, el informe PISA no va desencaminado. Únicamente que la falta de rendimiento no afecta sólo a estudiantes sino a una muchedumbre de personas que piensan lo que algunos quieren. Y nada más.