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Cartas al director

Progresismo o felicidad

El mito del progreso y su variante ideológica el progresismo, tienen como fin la felicidad terrenal. En el fondo no es más que una vulgar secularizacion de la «historia del Camino de Salvación cristiano», fin que hace suyo la Declaracion de Independencia norteamericana, que establece: «La búsqueda de la felicidad» como una de sus metas.

Ahora bien, ¿es empíricamente demostrable que la adhesión a las ideas progresistas proporciona esa felicidad tan ansiada por el ser humano? A primera vista, podría parecer que las personas de mentalidad progresista son más felices que aquellas otras que viven fijadas en ideas tradicionales y conservadoras, (¿la caverna?). Sin embargo, multitud de estudios y encuestas demuestran justamente lo contrario. Aquí el dato mata al relato (ideológico), y es que para el progresista la felicidad está siempre en el mañana. Nunca hoy.

La respuesta a esta diferencia, está en la visión tan distinta que progresistas y conservadores tienen sobre la naturaleza humana. La mentalidad progresista, ve al hombre como esencialmente moldeable y por esa vía, intenta cambiar la sociedad. La realidad, por tanto, no tiene tanta relevancia, especialmente si la consideramos injusta y podemos trabajar para modificarla. Por el contrario, si la naturaleza humana es constante y no infinitamente plástica, como cree el conservador, aunque sea mejorable. (Aquí se asentarían las virtudes); la conclusión es que es más fácil ser feliz aceptando la realidad que luchando contra ella, pues la irritabilidad y la depresión pueden aparecer fácilmente en la medida en que la propia realidad se resista a cambiar.

El filósofo Lao Tsé, varios siglos antes de la aparición del cristianismo, ya intuía lo siguiente: « Si estás deprimido vives en el pasado; si estás ansioso vives en el futuro; si estás en paz, vives en el presente.»

Eduardo Ruiz Abellán

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