Cartas al director
Kronos versus kairós
Para los griegos, kronos sería «el monótono tiempo secuencial, en el que todo está organizado», es decir, la repetición inarticulada del tiempo en nuestro espacio vital, una suerte de energía imantada que nos impele a avanzar sin retorno y sin descanso.
El tiempo así entendido sería pues una dictadura restrictiva y agobiante generadora del estrés físico y mental, una cadena finita a cuyos eslabones estamos indefectiblemente encadenados.
En contraste, kairós sería «el instante fugaz, el momento adecuado, en el que algo importante sucede», lo que podría traducirse en « la oportunidad favorable que cambia el destino del hombre».
Kairós estaba representado por un joven con alas en los pies y casi inalcanzable, pero que podía ser atrapado si se le agarraba por la larga cola de pelo que colgaba de su cabeza calva.
Para lograr atraparlo y liberarse de la esclavitud irredenta del kronos, se antoja fundamental desconectar del ritmo frenético impuesto por el dictador kronos y buscar un ilapso en el que la contemplación de la belleza, el baile, los paseos relajantes y los pensamientos positivos nos ayudarán a asumir los cambios que se avecinan, a emprender nuevas vivencias y a vivir en plenitud el lapso temporal que yace suspendido en tus manos tras atrapar con la yema de tus dedos jirones del pelo de Kairós.