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Cartas al director

La Moncloa por la sangre

Hace ya tiempo que se cuentan por decenas los presos de ETA excarcelados por el Gobierno vasco del PNV y el PSE. Hace aún más tiempo que un presidente del Gobierno se alió con quienes hace quince años integraban o jaleaban una banda terrorista y hoy la honorifican. Por eso no sorprende que Santos Cerdán se reuniera reiteradamente con el fiscal que promovió los beneficios penitenciarios. Lo que sí sorprende es la ausencia de reacción del sector del electorado más comprometido con los derechos humanos.

Como sociedad hemos normalizado que el socio más fiable del Gobierno de España sea Bildu, el partido de diputados condenados por apología del terrorismo y de la editora del «Ortega vuelve a la cárcel». Pues yo les digo que, al recibir el tercer grado, son los Parots y los Txerokis quienes vuelven a la cárcel. Regresan al infierno de la serpiente que rodea el hacha, al microcosmos sectario, salvaje y abiertamente anticonstitucional de la ultraizquierda abertzale.

Quizás sea necesario verbalizar lo evidente: ETA no dejó de matar por convicción, sino por pragmatismo. Los objetivos políticos que no lograron mediante el asesinato de Miguel Ángel Blanco o la masacre de los veintiuno del Hipercor los consiguen ahora de Sánchez. Impertérritos ante las excarcelaciones y los homenajes al terror, hay votantes que toleran el trueque de la Moncloa por la sangre. Y se jactan de ser los verdaderos demócratas.