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Cartas al director

La rosa sin porqué

El clima de campaña electoral que estamos ya viviendo, los sondeos casi diarios y las predicciones demoscópicas nos invitan a escuchar con atención los mensajes y estrategias de cada partido. En especial me fijo en los resultados que vaticinan para el PSOE, ya que la mayoría le augura una derrota o un pérdida de apoyo considerable, salvo las que elabora el ventajista José-Félix Tezanos y el creador de relatos Iván Redondo, de vuelta a sus labores de apuntalamiento de Pedro Sánchez.

Y recuerdo los símbolos de ese partido salvado por Felipe González y otros con él, en el Congreso de Octubre de 1974 en Suresnes. Con breves retoques, ha permanecido hasta nuestros días el puño y la rosa sobre fondo siempre rojo. Durante años, la militancia y los simpatizantes del PSOE han dado por hecho que defendían como ningún otro, al partido del progreso y de la izquierda más cabal, como esa «rosa sin porqué» de la que escribiera el místico alemán del siglo XVII, Angelus Silesius. Esa rosa que florece porque florece y no presta atención a sí misma. No pregunta si alguien la mira.

Me temo que ha llegado el momento de que miren esa rosa que ha arrancado un solo hombre, para hacerla suya y marchitarla. Quizá, por mucho tiempo.