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Cartas al director

Fallo humano

No puedo estar más de acuerdo. Tienen toda la razón. Sí o sí, es un «fallo humano». Mantener la hoja de ruta ejecutiva «con o sin el concurso del Parlamento» es un fallo humano altanero. Usar del uso masivo e intensivo de los decretos-ley durante su mandato –una estrategia vulgar para rehuir el debate parlamentario ordinario– es un fallo humano arrogante. Ser incapaces de aprobar un presupuesto en toda la legislatura, –ley fundamental que da su sentido primigenio a la misma existencia del Parlamento–, es un fallo humano antidemocrático. Decirle a los gravemente afectados por tragedias naturales terribles que «si quieren ayuda, que la pidan» es un fallo humano repugnante. Provocar un apagón nacional mortífero por terquedad ecológica e impericia energética es un fallo humano orgulloso. Afirmar que la Fiscalía, ¡y no sólo!, sino implícitamente también la Abogacía del Estado, el Tribunal Constitucional, el CIS, los noticieros y otros programas de RTVE, y el «sufrimiento de Maricamen», son «su» patrimonio es un fallo humano jactancioso y deleznable.

Pretender, tras crisis fronterizas como la de Ceuta, que has «trabajado y descansado también, [porque] ese es mi derecho», es un fallo humano engreído y vanidoso. Manifestar que «hay motivos para el optimismo » apenas 15 minutos después de conocerse un grave choque ferroviario en Adamuz –¡sí, sólo hace diez meses!– es un fallo humano fatuo y mentiroso. Por lo tanto, sugerir que lo que ha ocurrido en Urda, en las limpias vías que cruzan los campos de Toledo, se debe a un «fallo humano» es indiscutiblemente cierto. ¡Por una vez es la verdad, cruda y sin complejos! Éste y todos los fracasos enumerados son, sin la más mínima duda ni perdón, fallos humanos: los suyos. Evitar sus fallos humanos, conocidos y sufridos, se ha convertido en vital. El 29-N vota en conciencia: no es no.