Sánchez y Puente, dimisión ya
Es intolerable que el Gobierno que más recauda de la historia degrade un país donde la gente se mata por coger un simple tren
Una nueva tragedia ferroviaria ha golpeado España, con un brutal, inexplicable e injustificado choque de trenes de alta velocidad en la provincia de Toledo cuando está aún fresca la memoria de Adamuz.
Que los gestores de este drama sean los mismos que en el caso anterior es ya, de entrada, una vergüenza. Óscar Puente no puede ser la persona que se encargue de aclarar nada a la ciudadanía, tras haber hecho lo imposible por tapar la cadena de errores y negligencias en el accidente de hace un año.
Y mucho menos la que atiende a las víctimas y a los familiares de los fallecidos. ¿Cómo va a ser un bálsamo quien lleva nueve meses buscando coartadas para Adamuz y quien ha sido distante, cuando no ofensivo, con la asociación que representa a los damnificados?
Y lo mismo cabe decir de Pedro Sánchez, primer responsable de todo y máximo inductor de una nefasta política de prevención y reacción ante cualquier desafío, cuando no de perversa instrumentalización política. Un modus operandi que ya hemos visto con la dana valenciana, los grandes incendios, el apagón total, la invasión de Ceuta y, desde luego, las catástrofes ferroviarias.
Esto es, una combinación de incompetencia, inhumanidad y mala fe en la que sólo ha contado el deseo de hacer daño a rivales políticos o la búsqueda de la salvación propia.
La realidad, sin necesidad de esperar a dictámenes técnicos, es que pocos meses después de un drama que no debió ocurrir se ha repetido la escena, en un contexto de infame desgaste de los servicios públicos paralelo a la mayor recaudación fiscal de la historia.
Que un Gobierno depredador con los impuestos falle una y otra vez en sus responsabilidades más elementales, con resultados letales insoportables, y además lo haga en un paisaje de corrupción sistémica precisamente en el entorno de los Ministerios más tocados por las tragedias, es imposible ya de digerir.
Con la prudencia que requieren las circunstancias, pero con la contundencia que merecen las víctimas, hay que pedir la dimisión urgente de Óscar Puente, sin duda. Pero sobre todo la de Pedro Sánchez, el calamitoso presidente convertido en una desgracia para España.