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Gonzalo Cabello de los Cobos

Cuota de autónomos, tasa de gestión de residuos y el sablazo infinito

Esto es ser autónomo en España: vivir bajo un sistema que asfixia a quienes más aportan. Hablamos de un país con más de tres millones de trabajadores por cuenta propia, una cifra nada desdeñable. ¿De dónde cree el Gobierno que sale buena parte de la población activa de este país?

España se está convirtiendo en un país difícil de soportar. El nivel político ha descendido hasta un círculo del infierno que ni el propio Dante llegó a describir. ¿Y qué decir de la política fiscal? Resulta incomprensible que no haya cientos de manifestaciones diarias en todo el país exigiendo dimisiones a mansalva y una reducción generalizada de impuestos. Bueno, en realidad sí es comprensible, y eso es quizá lo más inquietante.

El Debate (asistido por IA)

He trabajado por cuenta ajena y ahora, junto a mi socio Gonzalo Figar, también columnista en El Debate, intento sacar adelante una empresa de comunicación corporativa. Puedo decir, con conocimiento de causa, que desde que empezamos con nuestra actividad cada mes trae su propio disgusto. He de reconocer que casi todo nos va bien, pero cuando llega el momento de pagar impuestos sigo sin dar crédito a la magnitud de la mordida.

Hace poco, Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, propuso que los ciudadanos cobrasen su salario en bruto. Y no es mala idea. Serviría para que todos tomasen conciencia de cuánto dinero entregan realmente al Estado. La izquierda, por supuesto, salió en bloque a ridiculizarla. Saben perfectamente que una medida así despertaría una conciencia colectiva adormecida: si cobras dos y devuelves uno a Hacienda, con el esfuerzo y la angustia que eso conlleva, lo lógico es que empieces a preguntarte qué hace el Estado con la mitad de tu trabajo.

Ahora, según hemos podido saber, le toca el turno a la cuota de autónomos. A partir de 2026 quieren subirla en todos los tramos de facturación, de forma que el sablazo, que alcanzará a todos, sea, al menos, proporcional. Una medida que ojalá no llegue a materializarse porque, sinceramente, resulta aberrante. Seamos francos: al Gobierno no le gustan los autónomos. La propia palabra encierra una idea que les incomoda profundamente. ¿Qué es eso de ser «autónomo»? Para el socialcomunismo suena casi a herejía. Y no es de extrañar: muchos de sus dirigentes no han trabajado jamás fuera de la empresa más ineficiente que existe: el Estado.

El autónomo ya no tiene derecho a decidir qué quiere para su futuro. Es papá Estado quien lo hace por él. Mismos deberes, pero, eso sí, muchos menos derechos. Eso es ser autónomo en España: vivir bajo un sistema que asfixia a quienes más aportan. Hablamos de un país con más de tres millones de trabajadores por cuenta propia, una cifra nada desdeñable. ¿De dónde cree el Gobierno que sale buena parte de la población activa de este país? Les da exactamente igual. Nos quieren pobres, sin capacidad de ahorro y mendigando por las esquinas alguna ayudita.

Se critica mucho a quienes deciden marcharse de España en busca de lugares fiscalmente más razonables. Y, sinceramente, no es difícil entenderlos. Hace poco, una persona me contó que iba a renunciar a su nacionalidad española. Lleva años trabajando fuera y es feliz. Aporta parte de su salario al país en el que reside y ve cómo ese dinero se distribuye y se gestiona con eficiencia. Aquí, en cambio, seguimos todavía enfangados entre chistorras, mordidas, prostitutas y sobres con dinero en efectivo.

No pude apelar a sus valores patrióticos para hacerlo cambiar de idea. Es que, de verdad, no pude. Lo entendí perfectamente. ¿Cómo va a querer volver alguien que lleva años trabajando fuera, cuando lo primero que hacen al regresar es mirarlo con sospecha? «Quédate allí y sé feliz», fue lo único que supe decirle. Y era la verdad.

Yo no quiero irme, pero llegará un momento en que tendré que planteármelo. La situación en España se está volviendo insostenible. Entre otras cosas pagamos para llenar una hucha, la de las pensiones, que todos sabemos que nunca veremos. El sistema está quebrado y fingimos no saberlo.

Por ahora seguiré peleando aquí por salir adelante, pero me gustaría algo más de respaldo. Siendo honestos, los únicos que se han posicionado de forma nítida frente a esta confiscación masiva, con medidas concretas, son los líderes de Vox. El PP, como siempre, prefiere la timidez: una declaración por aquí y otra por allá, pero lo cierto es que, a quienes se oye con claridad en este momento, no es precisamente a ellos.

Y, por si fuera poco, el Ayuntamiento de Madrid nos acaba de pasar un nuevo recibo: la Tasa de Gestión de Residuos. Un sablazo más que no invita precisamente a pensar que el PP esté dispuesto a aliviar la delirante carga fiscal que soportamos los madrileños. Este nuevo invento recaudatorio pergeñado en el BOE (Ley 7/2022) y acatado chapuceramente por el Ayuntamiento de Madrid es, sencillamente, indignante.

Semana a semana, España se hunde un poco más en la ciénaga en la que ya está atrapada sin remedio, y de la que solo un cambio profundo podría sacarnos.

Gonzalo Cabello de los Cobos es periodista