Apoyo a Ucrania
El cambio de impresiones registrado en Davos ha resultado una confirmación del espíritu fundacional de la Alianza, de defensa colectiva mediante la disuasión y la adopción de esfuerzos compartidos en beneficio de la seguridad de los países aliados y de su integridad territorial
El año 2026 ha empezado con un número importante de nuevos retos para la estabilidad de la comunidad internacional.
Al desafío previamente existente y sostenido desde febrero de 2022 como consecuencia de la brutal vulneración del derecho internacional consistente en la invasión total de Ucrania por parte de las Fuerzas Armadas de la Federación Rusa, se han venido a unir desde comienzos del año en curso, que aún no cumple un mes, nuevos focos de inestabilidad a los que necesariamente debemos prestar atención.
El año comenzó con la operación de extracción y conducción del presidente Maduro, desde su país, a los Estados Unidos para ser sometido a la Administración de Justicia estadounidense por la que estaba reclamado por delitos relacionados con el narcotráfico. Cierto es que también era desde mucho tiempo atrás objeto de reproche por parte de la Administración de la Unión Europea, que ha impuesto sobre su régimen sanciones y restricciones a la movilidad de sus dirigentes en el ámbito europeo, pero ha sido el presidente Trump el que ha asumido la iniciativa y ha procedido contra el dirigente reclamado por la justicia para ponerlo a disposición de esta.
Prácticamente de manera coincidente en el tiempo con la acción del presidente Trump sobre Venezuela, que se mantiene en curso mediante la puesta en marcha de diferentes mecanismos de control sobre el país y sus recursos, se desencadenó en Irán una crisis de represión y vulneración de los derechos humanos por parte del Gobierno de la República Islámica sobre su propia población, que se mantiene, igualmente, con un elevadísimo número de víctimas mortales, que se cuentan por miles, así como de arrestados y encarcelados, que se cuentan por decenas de miles.
Por último, un tercer foco de incipiente inestabilidad, este, de manera prácticamente inédita por promover la confrontación entre países aliados en el seno de la OTAN, viene motivado por la posición del presidente Trump sobre Groenlandia.
Ante la creciente presencia de China y de Rusia en la región, el presidente Trump ha manifestado su creencia de que la seguridad de los Estados Unidos estaría mejor garantizada si ostentase la soberanía sobre Groenlandia, pero ha topado con la discrepancia tanto de Dinamarca como de Groenlandia, respaldados por el resto de los países aliados de la Alianza Atlántica, a los que se han añadido, también, parlamentarios de ambas cámaras de su propio país, los Estados Unidos de Norteamérica, tanto del Partido Demócrata como de su propio Partido, el Republicano, que no respaldan la ejecución de acciones de carácter unilateral por parte de Estados Unidos poniendo en peligro la soberanía e integridad territorial de uno de sus aliados.
Durante la cumbre del Foro Económico Mundial de Davos del pasado miércoles, el presidente Trump llegó con una postura muy beligerante para hacer entender a sus aliados sus argumentos en favor de una anexión territorial de Groenlandia por parte de los Estados Unidos para la seguridad nacional de ese país y la del conjunto de la Alianza Atlántica frente a la creciente presencia rusa y china en la región.
A pesar de ello, durante el curso de la reunión y ante las sucesivas intervenciones de los responsables del resto de países aliados, la postura del presidente Trump terminó por flexibilizarse y por anunciar la apertura de un proceso de negociaciones con sus aliados de la OTAN que permitieran alcanzar el objetivo perseguido de incrementar la seguridad en el Ártico sin tener por ello que poner en riesgo la necesaria cohesión de la Alianza Atlántica.
Muy por el contrario, y para disgusto de aquellos que desean ver crecer las dificultades en el seno de la Alianza Atlántica, el cambio de impresiones registrado en Davos ha resultado una confirmación del espíritu fundacional de la Alianza, de defensa colectiva mediante la disuasión y la adopción de esfuerzos compartidos en beneficio de la seguridad de los países aliados y de su integridad territorial.
En comunicado hecho público por el órgano directivo de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, que concentra a 281 parlamentarios nacionales de los 32 países aliados, ese mismo día, los parlamentarios responsables manifestaban que «como parlamentarios representando a ciudadanos de ambos lados del Atlántico, necesitamos concentrar nuestros esfuerzos en promover la cooperación, incrementar nuestra previsibilidad, fortalecer nuestra cohesión y promover la confianza», afirmando que «estos son los fundamentos de nuestra Alianza» y que «nuestros 32 parlamentos aliados constituyen una garantía esencial de apoyo y estabilidad para la OTAN y el vínculo transatlántico».
El comunicado finalizaba declarando que «la seguridad en el Ártico debe ser garantizada colectivamente, a través de la cooperación y mediante la defensa de los principios de la Carta de las Naciones Unidas, incluyendo la soberanía, la integridad territorial y la inviolabilidad de fronteras y reafirmando la necesidad de respetar la soberanía democrática de los ciudadanos de Dinamarca y de Groenlandia».
Pero, como decía al principio, todos estos retos para la estabilidad internacional han venido a sumarse al que lleva desde hace casi cuatro años provocando el sufrimiento injustificado y cruel de la castigada Ucrania por las apetencias anexionistas de Vladimir Putin.
Como en inviernos precedentes, la Federación rusa ha venido desarrollando una campaña brutal de ataques aéreos dirigidos intencionadamente contra las infraestructuras civiles, que persigue maximizar el sufrimiento de la ciudadanía ucraniana, golpeando las fuentes de energía eléctrica, calorífica y de suministro de agua durante los meses más fríos al objeto de utilizar el frío como arma definitiva contra millones de familias ucranianas. Estos ataques se han visto incrementados al comienzo de este año mediante el uso desproporcionado de misiles hipersónicos Oreshnik contra el oeste de Ucrania, así como de masas de drones y misiles para paralizar la vida civil.
Ante la demanda «urgente» por parte de las autoridades ucranianas de sistemas antiaéreos y antimisiles que les permitan protegerse de estas brutales agresiones, los países aliados, tanto de la Alianza Atlántica, como de la Unión Europea, no deberíamos permanecer impasibles y deberíamos, consecuentemente, mantener vivo nuestro compromiso sostenido a lo largo de los años de apoyo a Ucrania.
- Fernando Adolfo Gutiérrez Díaz de Otazu es senador por Melilla del Grupo Parlamentario Popular