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En primera líneaRafael Puyol

¿Para qué sirve la demografía?

Todo ello va a exigir de los gobiernos de nuestras sociedades adoptar las políticas correctoras que vamos a necesitar. Las que ayuden a las familias a tener los hijos que desean. Las que promuevan una inmigración ajustada y razonable y unas condiciones de vida justas para los que acogemos

Creo que, pese a su importancia objetiva, no damos a la demografía la relevancia que tiene. En mis ya muchos años de estudiar los temas de población, he podido comprobar que sus avances como disciplina científica no han provocado un interés paralelo por parte de lo que llamamos el gran público, que tiene una idea vaga de su contenido y un desconocimiento generalizado de sus técnicas más elementales. Y lo que es peor, la ciencia es utilizada a veces para defender determinados planteamientos ideológicos o políticos que nada tienen que ver con la realidad. Basta leer los comentarios que hacen determinadas personas a los artículos demográficos que aparecen en los medios de comunicación. Cargados de razón, evidentemente sin tenerla, lanzan fuertes invectivas contra sus autores, a los que califican de ignorantes o vendidos a no sé qué fuerzas malignas que pretenden acabar con nosotros y con nuestra civilización sin derramar una sola gota de sangre.

El Debate (asistido por IA)

Es preciso superar ese estado de cosas y en buena parte esa labor nos corresponde a los demógrafos, que estamos obligados a ofrecer análisis rigurosos y a saber interesar a la sociedad acerca de los importantes retos a los que nos enfrentamos. Esta tarea es hoy más fácil que nunca, ya que, al menos en nuestras sociedades, poseemos una buena información para hacer pronósticos con una alta probabilidad de que se cumplan. Incluso en muchos países en desarrollo los datos tienen ya un nivel de credibilidad suficientemente aceptable como para pensar que las proyecciones van a cumplirse.

Son muchas las cuestiones demográficas que entrarían en el top ten de las preocupaciones humanas. Nadie duda (o muy pocos) de que el cambio climático y la lucha contra el hambre o la pobreza son preocupaciones universales. Pero no todos saben o no consideran que la caída en picado de la natalidad, las migraciones internacionales o el envejecimiento son macrotendencias con relevancia semejante. Alguien ha dicho que, así como la economía ha sido la gran ciencia del siglo XX, la demografía iba a ser la gran disciplina de la actual centuria. Probablemente se trata de una exageración interesada, pero lo cierto es que, sin saber cómo van a evolucionar los grandes asuntos de la población, va a resultar muy difícil hacer previsiones sobre el futuro económico y social de la humanidad.

Desconocimiento, tergiversación, utilización partidista… y en muchos casos una visión pesimista de las cosas. No digo que la deriva de ciertas variables poblacionales no deba suscitar preocupación. Pero tirar la toalla ante cierto estado de cosas no va a ayudar a resolverlas.

Frente a la evolución probable de ciertos hechos demográficos el sentimiento predominante es el miedo. El miedo al futuro, influye decisivamente en nuestra baja natalidad .La inestabilidad económica y laboral o el temor a que la maternidad dificulte la carrera de muchas mujeres ,actúan como factores limitantes del deseo de tener hijos.

El miedo a las migraciones se materializa en otros miedos parciales: a la entrada masiva de inmigrantes (la pretendida invasión), a la (imposible) sustitución étnica ,a la religión practicada o a ciertos modos de vida de los extranjeros, a la multiplicación de enfermedades inhabituales en el país de destino ,a la competencia con los trabajadores nacionales, a los comportamientos demográficos diferenciales, al deterioro de ciertos servicios, a la seguridad, a la delincuencia cuando no al terrorismo. Algunos de estos miedos son simplemente falsos y de otros se magnifica su influencia simplemente para justificar una política migratoria coercitiva, como hace Trump en EE. UU.

Por último, existe un miedo al envejecimiento considerado básicamente como un problema y sin valorar que tiene consecuencias positivas que es preciso aprovechar. Es verdad que el aumento de las personas mayores va a plantear retos importantes para el pago de las pensiones, el aumento de los gastos sanitarios o la financiación de la dependencia. Pero también va a permitir, mitigar los desequilibrios del mercado de trabajo y promover el desarrollo económico. (silver economy).

Todo ello va a exigir de los gobiernos de nuestras sociedades adoptar las políticas correctoras que vamos a necesitar. Las que ayuden a las familias a tener los hijos que desean. Las que promuevan una inmigración ajustada y razonable y unas condiciones de vida justas para los que acogemos. Las que fomenten la prolongación del trabajo de los que quieran hacerlo.

La demografía es una ciencia al servicio de la sociedad. Todos deberíamos estar muy atentos a sus análisis y a sus pronósticos.

  • Rafael Puyol es presidente de la Real Sociedad Geográfica