Es urgente recuperar la nación
Reparo en que estoy tecleando estas letras un lunes 23 de febrero. Idéntico día a otro de hace 45 años en el que D. Juan Carlos demostró con los hechos cómo se defiende y protege un proyecto común de todos los ciudadanos, comenzando por el primero de ellos
Nos hemos acostumbrado, nos acostumbran nuestros políticos y los medios de comunicación, a usar una terminología equivocada cuando no vacía de contenido. Pero es grave cuando se utilizan palabras no exactas para ocultar un significado malicioso. Me refiero a términos como sanchismo o chavismo cuando lo exacto y oportuno es decir socialismo, que es lo que es. Nos auto engañamos, nos hacemos trampas en el solitario, para no ver que lo que tenemos es algo tan pernicioso como un gobierno que se enmarca dentro de una ideología que tanto daño ha causado a la humanidad, el socialismo.
Conviene también recuperar, aunque sea en un tono coloquial, o como diría Adolfo Suárez de una forma que sea «normal a nivel de calle», los significados de unas palabras de tanta importancia como son: país, estado y nación; que a veces olvidamos o confundimos su significación hurtándoles, de ese modo, valor.
Podemos decir que país es un territorio en el que habitan un conjunto de ciudadanos y el escenario de la historia de los mismos. Con la palabra estado nos referimos a la estructura administrativa y de gobierno de la que se han dotado y se rigen los habitantes de un país, cuya parte más importante es su ordenamiento jurídico; de forma que cuando se quiebra dicho ordenamiento, aunque sea sin fusiles, se está produciendo un golpe de estado como nos está pasando a nosotros.
¿Qué es entonces la nación? Sin divagaciones y coloquialmente, la nación es el conjunto de ciudadanos libres e individualmente tomados, residentes en un país que conviven bajo su forma de gobierno, cada uno de ellos llevando a sus espaldas una mochila particular con sus derechos, libertades y obligaciones en pos de un proyecto común. Individuos, mochila y proyecto común, los tres elementos necesarios. En el caso de la nación española los cimientos se comienzan a poner durante la monarquía visigoda de Toledo y el gran desarrollo del proyecto nacional común tiene lugar con la Reconquista y nuestra posterior aportación a la historia americana.
Pues creo que lo que nos están haciendo ahora es robarnos y quitarnos la nación y con ella la mochilita de cada uno de nosotros; esto ocurre cuando los que ocupan el estado quieren ser dueños de la Nación. Los proyectos políticos que quieren imponernos socialistas y nacionalistas no son comunes. Al contrario son excluyentes y buscan el sometimiento de la mayoría de los ciudadanos libres, iguales y anular la mochila de derechos, libertades y obligaciones. El PSOE además de retorcer y quebrar el ordenamiento jurídico está haciendo algo propio de las dictadoras más terribles de la historia; la ingeniería social artificial, en un sentido o en otro, con algún grupo étnico o regional es más propio de esas dictaduras y no tiene nada de proyecto nacional común, al contrario. Puede ser duro leerlo, pero lo que están haciendo los socialistas es comprarse con nuestro dinero al menos un par de millones de musulmanes para usarlos en beneficio propio; siniestro.
Ahora nos corresponde a los nacionales emprender, con urgencia, la lucha para recuperar nuestra nación. Esa lucha no es cosa de un partido u otro; los partidos serios y responsables la tendrán que apoyar, pero es trabajo para todo un movimiento social y ciudadano. Para ser sincero, y dado que el sector público y político ha exportado a la ciudadanía grandes cantidades de indolencia y desidia, no puedo ser muy optimista; me parece evidente que los nacionales vamos a necesitar para ese necesario movimiento, de mucha ayuda moral, de ánimo, de liderazgo y de motivación.
El último gran proyecto nacional y común fue el que inició D. Juan Carlos I ya antes de la muerte de Franco, al que llamamos transición y que culmina con la Constitución de 1978; ese proceso liderado por el Rey con la ayuda de personas como Suárez, Torcuato Fernández Miranda y otros fue de los que hacen, de los que construyen nación.
El pasado día 17 de febrero asistimos a un fraude de homenaje a la Constitución más longeva de nuestra historia, poniendo en boca del Rey esa falsedad ya que la actual no ha alcanzado todavía la larga vida de su antecesora de 1876, la de la Restauración. Pero es que en su empeño de destruir la nación quieren silenciar otro proyecto de los que hacen y construyen nación como fue la Constitución monárquica liberal de 1876 que nos equiparó con todas la monarquías europeas. En ese acto, como también en la exposición de motivos de la Ley de Memoria ¿ memoria de partido?, se cancela la Restauración para hacer pasar nuestra actual Constitución no como heredera de aquella, sino como continuación de la que se promulgó como norma de un régimen de origen espurio y excluyente, enfocado a destruir la nación como fue la de 1931. El régimen más sangriento de nuestra historia que por ser enemigo de la nación, de sus ciudadanos con sus mochilas, y de un proyecto común, acabó con el previsible drama que ya habían deseado los socialistas y definido por Largo Caballero cuando dijo: «ganado las derechas tendremos que ir a la Guerra Civil declarada». Fue anti-homenaje lo del 17 de febrero porque faltaban los homenajeados; El Rey Juan Carlos I, Adolfo Suárez, Torcuato Fernández Miranda y la nación como suma de ciudadanos con sus mochilas de sus derechos, libertades y obligaciones, protagonista también de la consecución de aquel proyecto común.
En el necesario y urgente proceso de recuperación de la nación, los titulares vamos a necesitar ayuda. Por eso, por justicia y por dignidad personal lo primero que tenemos que hacer es exigir el inmediato regreso a la patria de Don Juan Carlos I; comencemos por ahí.
La sola presencia del Rey Juan Carlos ha de servir de luz, de ejemplo y acicate para un proceso de reconstrucción nacional. Diría incluso que teniéndole entre nosotros, que es donde debe estar, sería un experto consejero para lograr la necesaria recuperación de la nación al comenzar comportándonos nosotros mismos con el agradecimiento y lealtad que su persona se merece, recuperando de ese modo su dignidad y la nuestra personal.
Reparo en que estoy tecleando estas letras un lunes 23 de febrero. Idéntico día a otro de hace 45 años en el que D. Juan Carlos demostró con los hechos cómo se defiende y protege un proyecto común de todos los ciudadanos, comenzando por el primero de ellos; creo que no le agradecimos lo suficiente todo su trabajo; es hora de hacerlo recuperando su presencia y también su obra, y la nuestra, que ahora nos la han hurtado. Le necesitamos aquí y es de justicia su regreso.
- José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario