La despreciable trayectoria de la UPV
La UPV jamás amparó a sus profesores no nacionalistas que, precisamente por ello, fueron acosados y amenazados hasta verse obligados a abandonar la universidad cuando no directamente asesinados, como le ocurrió al profesor de la Facultad de Derecho de San Sebastián Juan de Dios Doval el 31 de octubre de 1980
UPV es el acrónimo de la Universidad del País Vasco y es la universidad pública vasca. En los 46 años transcurridos desde su fundación, jamás ha dado una buena noticia en relación con ETA. Su defensa de los valores democráticos y las víctimas del terrorismo ha sido siempre inversamente proporcional a su tolerancia con el fenómeno terrorista. Viene esto a cuento de la penúltima decisión de su rector, que decidió el 23 de febrero, suspender las clases presenciales en el campus de Vitoria como respuesta a una convocatoria de Vox para denunciar pintadas amenazantes –con diana incluida– contra distintos políticos no nacionalistas. En opinión de la UPV, era obligado establecer «cordón sanitario contra el totalitarismo», pues, según palabras del rector, este partido «niega los valores sobre los que se asienta nuestra universidad». Sus valores serán muy dignos, pero no se compadecen con los hechos, algunos los relato a continuación.
Los tres campus de la UPV fueron durante decenios, e incluso todavía hoy, lugar abonado para el reclutamiento de alevines de ETA y el enfrentamiento contra la Ertzaintza. Sus paredes y aulas convertidas en una especie de museo de la apología del terrorismo y exclusión del disidente. En ocasiones se convirtieron en auténticos campos de batalla contra la Ertzaintza, como ocurrió el 20 de mayo de 2008 cuando alumnos encuadrados en Ikasle abertzaleak (alumnos patriotas) asaltaron el Rectorado para alterar las elecciones, provocando varios heridos entre los agentes y causando importantes destrozos, «hazaña» repetida en abril de 2016.
La UPV jamás amparó a sus profesores no nacionalistas que, precisamente por ello, fueron acosados y amenazados hasta verse obligados a abandonar la universidad cuando no directamente asesinados, como le ocurrió al profesor de la Facultad de Derecho de San Sebastián Juan de Dios Doval el 31 de octubre de 1980. Entre los perseguidos y exiliados podemos recordar nombres como los de Edurne Uriarte, Gotzone Mora, Txema Portillo, Carlos Martínez Gorriarán, Fernando Savater o Carlos Fernández de Casadevante.
La UPV fue denunciada por partidos políticos y asociaciones de víctimas por regalar el acceso a la universidad, así como sus títulos, a los presos de ETA. El caso más flagrante de su conexión con ese mundo y su oposición a la actuación de la Justicia ocurrió en el año 2015, cuando Covite denunció que 76 terroristas habían accedido a la universidad sin realizar los exámenes de selectividad o las pruebas de acceso para mayores de 25 años. Admitida a trámite la denuncia por la Audiencia Nacional, se requirió a la universidad que aportara los exámenes, jamás lo hicieron, solo entregaron las fraudulentas certificaciones de haber superado las pruebas. Obviamente, todo esto no se hacía por razones académicas, sino para facilitar a los presos con las matriculaciones y los exámenes la obtención de reducciones de condena, así como otros beneficios penitenciarios.
La UPV prestó en diciembre de 2019 sus aulas a Sare —organización de apoyo a los presos de ETA heredera de las ilegalizadas gestoras pro amnistía o Askatasuna— para la organización de diversas jornadas propagandísticas. En ellas, sujetos como el asesino López de Abechuco se permitieron denunciar la «situación de excepción de los presos vascos», especialmente los enfermos, así como su reclusión en prisiones alejadas del País Vasco. Otros, como el terrorista Oier Ibarguren, disertaron sobre las dificultades para estudiar en prisión. Por último, familiares de presos como Olatz Iglesias o Amaiur Iragi, contaron bajo el título de «niños de la mochila» las penalidades sufridas por tener que desplazarse a cientos de kilómetros para ver a sus padres.
Parece claro que los valores citados por el rector en su artículo justificativo del boicot a Vox –el pluralismo, el libre desarrollo de las personas o la convivencia basada en la paz y el diálogo– nada tienen que ver con los hechos protagonizados por él mismo y otros rectores en el pasado. Vamos, que, salvo alguna honrosa y breve excepción, siempre se les vio el plumero y ahora ya ni siquiera se molestan en disimular. Como lógico colofón a tanta aberración, hoy varios terroristas «licenciados» en la UPV se han convertido en sus profesores de grado o de máster, Joseba Permach, Joseba Garmendia, Ainhoa Ozaeta, Joseba Sarrionaindia o Julen Zabalo son algunos de ellos. Así nos va en el templo de la inteligencia con estos sumos sacerdotes.
- Carlos de Urquijo fue delegado del Gobierno en el País Vasco