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En primera líneaJosé Antonio García-Albi

El Estado contra los niños

Mientras descendía el número de hijos por familia y crecía sin medida ni justificación la nacionalización por vía fiscal, ha habido algo más que también ha engordado sin tino; la dimensión y la obesidad mórbida de las administraciones públicas

Me molesta profundamente el obsceno y vergonzoso espectáculo que produce la frivolidad interesada con la que, desde los estamentos públicos y políticos, se habla de una de las cuestiones más graves e importantes para la nación; me refiero al problema demográfico y al de la pirámide poblacional. Desde el mundo político se hacen meras suposiciones en relación al problema, supuestas explicaciones sin ninguna base empírica que suenan más bien a tomadura de pelo.

epEl Debate (Asistido por IA)

Frente a la frivolidad se encuentran los datos y la realidad contrastada y empírica. Todos sabemos que hace unas décadas lo más habitual era que las familias españolas tuvieran 6, 7, 8 ó más hijos; y así ocurrió durante mucho tiempo, especialmente desde que el desarrollo de la sanidad y la mejora de la calidad en la alimentación y condiciones de vida, permitieron reducir drásticamente la mortalidad infantil. Luego la cifra de hijos se fue reduciendo primero a 4, luego a 3 ó 2 y ahora a uno o ninguno. Vamos que en 1974 con 35,5 millones de habitantes en España, nacieron 690.000 niños y la población era joven con un 27,5% de menores de 15 años. Mientras que en 2024 con 48,6 millones de habitantes la cifra de nacimientos se quedó en 320.000. Frente a esto, también podemos ver otros hechos que, así mismo, son incuestionables; si el número de hijos por familia y en el total nacional ha bajado, vemos hay otros dos elementos que han subido y que evidentemente guardan relación con el descenso de la natalidad.

El primero de ellos es el constante y brutal aumento de la presión fiscal sobre los ciudadanos y empresas (la de las empresas acaba recayendo también sobre los individuos). La presión fiscal ha ido creciendo sin descanso año tras año, hasta llegar al paroxismo amoral y delictivo de la actualidad. Además, lo ocurrido en los últimos años ha sido un brutal proceso socialista de nacionalización de la riqueza de los ciudadanos y empresas por la vía de la confiscación fiscal que arrebata a los individuos el fruto de su trabajo impidiendo la realización de su proyecto de vida que incluye la familia. Al brutal IRPF hay que añadir el injustificable impuesto al consumo del 21%, al ahorro, como al rescatar un plan privado de pensiones. También están los impuestos que llamo «jeta total» como es que el agua envasada tribute por el IVA y por estar en un envase o el hecho injustificable de que el Estado, que nada tienen que ver en la operación, se lleve del comprador un 8% del precio de una vivienda mediante el impuesto de A.J.D. tan solo porque los contratantes hayan ido a un notario a firmar su contrato; y así sin parar.

Mientras descendía el número de hijos por familia y crecía sin medida ni justificación la nacionalización por vía fiscal, ha habido algo más que también ha engordado sin tino; la dimensión y la obesidad mórbida de las administraciones públicas. Pero no sólo han crecido el número de organismos, municipales, provinciales, autonómicos, nacionales, europeos, es que se ha convertido en inútiles debido a su grasa acumulada. Son entes que tan solo sirven para oprimir al ciudadano con hiperregulación que obedece a un único objetivo; trincar más pasta. Por ejemplo, te obligan a llevar en el coche un farolillo como de burdel, pues cobran el IVA en la compra y por las nuevas multas.

Nuestros avispados gobernantes acuden entonces al cuento chino de que lleguen más gentes de fuera. A España llega, por un lado inmigración ilegal, que como su propio nombre indica no es legal, por lo tanto rechazable. Y otros dos grupos de personas, unos que vienen a cobrar; mal asunto. Y otros que vienen a trabajar, estos mayormente suelen ser hispanos o de otros países europeos como Rumanía; objetivo y personas encomiables. Nuestros gobernantes hacen uso del marketing y la demagogia, cuando en verdad lo único que están haciendo es adquirir más contribuyentes a los que esquilmar. Esos trabajadores que vienen de fuera para trabajar entre nosotros no vienen para pagar nuestras pensiones, lo hacen como es lógico, para generarse las suyas con sus cotizaciones; cuando se jubilen tendrán todo el derecho a las pensiones generadas con sus contribuciones. Mientas tanto, el Estado les irá quitando, como a los demás, el fruto de su trabajo mediante impuestos al trabajo, al ahorro, al consumo y al absurdo. Resultado, entre el mantenimiento del Estado depredador y las remesas a enviar a sus familias en sus países, como hacían antes los españoles, no les va a quedar capacidad para dar a luz hijos, que por nacimiento, ya serían nuevos españolitos; también es normal que no los quieran tener para que engrosen el índice de pobreza infantil. Pero si tuvieran dos nuevos españolitos, el día de mañana uno pagará la pensión del padre y el otro sostendrá la de la madre. Mientras, el problema del desequilibrio de la pirámide poblacional seguirá igual y la sostenibilidad de las pensiones y la sanidad seguirá brillando por su ausencia, todo por falta de valor y de ganas de trabajar para instaurar un nuevo modelo de pensiones de capitalización. Eso sí durante ese tiempo los parásitos habrán tenido muchos más sufridores contribuyentes. ¡Que listos son!

Vamos a seguir poniendo datos. Con las cifras actuales el gasto anual en sueldos de políticos y funcionaros alcanza una cifra que equivale a 4.000 euros por español y año; a un matrimonio con dos hijos le cuestan 16.000 euros al año. Y a esto hay que sumar lo que mandamos a Europa, el gasto de los más de 19.300 entes públicos como sus ruinosas televisiones con la que se entretienen, los 363 «observatorios», los edificios, teléfonos, coches y un largo etcétera antes de llegar a los intereses de la deuda pública que es el instrumento con el que nacionalizan la riqueza futura del pueblo. También hay que mantener la mala calidad de la enseñanza, hay que tener en buen estado los ferrocarriles para que no haya accidentes, los tendidos eléctricos para evitar apagones y un largo etcétera. Por supuesto hay que añadir el gasto en los falcon, palacios, viajes, regalos millonarios a otros países, hay que pagar la corrupción y a la Fiscalía que depende del gobierno... Al final una millonada por cada español; así no puede quedar nada para vivienda e hijos, es imposible. Pero llegar al desastre es seguro, ya que es lo que ocurre cuando el estado es el enemigo de los niños.

La mejor representación del estado actual es, en mi opinión, el tétrico y expresivo cuadro de Francisco de Goya llamado «Saturno devorando a sus hijos».

  • José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario