El atrevimiento de pensar
La revolución que cambió la historia de la humanidad como nunca lo ha hecho ninguna otra ocurrió hace 10.000 años, cuando el hombre pasó de nómada a sedentario y tuvo, por primera vez, tiempo para preguntarse quién era y de dónde venía
Cuando hace 60.000 años el ‘homo sapiens’ salió de África sabía utilizar la inteligencia y no solo el instinto para enfrentarse a los retos que amenazaban su supervivencia. Aunque su capacidad de razonar era entonces muy limitada y rudimentaria, y sus alcances muy cortos, sí sabía seleccionar y recoger los frutos que el campo producía y enfrentarse a animales para cazarlos con una mezcla de astucia y valor. Esa era la base de la subsistencia de aquel hombre recolector y cazador, siempre bajo la amenaza de campos que a su paso quedaban esquilmados y con pocos animales. Su horizonte vital durante milenios fue la supervivencia en el día a día por la incertidumbre de qué encontrar mañana para alimentarse. Su única esperanza era la huida a otros territorios en busca de nuevos alimentos que recolectar y de animales que cazar. Aquí está la razón última de cómo y por qué la tierra fue poblada por el ‘homo sapiens’ a lo largo de milenios.
Pero el desarrollo de su inteligencia y de su capacidad de razonar fue de una lentitud inimaginable. Necesitó que transcurrieran en torno a cincuenta mil años para alcanzar la capacidad intelectual suficiente con la que darse cuenta de algo tan sencillo como que los árboles y plantas que producían los frutos silvestres tenían su origen en unas semillas que quedaban en el suelo y, mezcladas con la tierra, generaban de forma natural la vida de nuevos árboles y plantas. Algunos dieron el paso entonces revolucionario de sembrar esas semillas para que nacieran árboles y otras plantas, cuyos frutos el ‘homo sapiens’ podía recoger sin necesidad de andar errante a lo ancho de la tierra en busca de sustento.
Había nacido la agricultura. Con un hecho tan elemental para el hombre de hoy, hace 10.000 años arrancó la revolución que cambió la historia de la humanidad como nunca lo ha hecho ninguna otra, y que conocemos como la Revolución Neolítica. Ese chispazo de la inteligencia humana surgió en Mesopotamia donde las aguas del Éufrates y el Tigris permitían regar las nuevas plantaciones. El hombre ya no tenía que emigrar para buscar y recolectar su sustento como había hecho durante milenios; y domesticó a varias especies de animales que le ayudaban en las labores del campo o le servían de alimento. Pasó de nómada a sedentario.
Pero ese proceso fue también muy lento. A lo largo de varios milenios los pequeños asentamientos humanos acabaron convirtiéndose en ciudades con sus jerarquías y sus minorías dominantes. Fue un avance premioso y pesado hasta que en el fondo oriental del Mediterráneo, en lo que hoy son Grecia y la costa de Turquía, surgió un grupo reducido de hombres que, al no tener que ganarse el sustento con el trabajo de sus manos, pudieron disponer de tiempo para pensar y preguntarse qué es el universo que nos rodea, dónde está el origen de la vida y qué somos. Marginaron la mitología y solo utilizaron la razón.
No hay nada que explique por qué en menos de doscientos años, entre los siglos VI y IV antes de Cristo, se produjo la mayor explosión de inteligencia de en la historia de la humanidad. Los presocráticos como Tales, Heráclito, Anaxágoras, Anaxímenes, Anaximandro, Demócrito o Parménides fueron los que abrieron el camino y lo sembraron de sabiduría. Un ejemplo de su inmenso talento es que una de las primeras preguntas que se plantearon fue cuáles eran los elementos que hicieron posible la aparición de la vida. Pronto llegaron a la conclusión de que eran el agua, el aire, la tierra y el fuego. Pero uno de ellos, Heráclito, fue más allá y dijo que el origen de todo era el fuego. Y más de 2.500 años después unos científicos, encabezados por el físico y sacerdote George Lemaître, descubrieron que el origen de todo está en el fuego, la gran explosión, que luego han llamado el ‘big bang’. Ellos lo hicieron con el apoyo tecnológico de la nueva astronomía mientras que Heráclito lo hizo con el único instrumento de su inteligencia superior.
Luego vinieron Sócrates, Platón y Aristóteles, que fueron capaces de dar una visión integral de la vida, la naturaleza, la sociedad y el hombre. Y lo hicieron con tal rigor y hondura que nadie, ni siquiera los más grandes filósofos que les siguieron en más de dos mil años, han sido capaces de superarlos. Todos ellos pusieron en marcha la máquina de pensar que avanzó lentamente hasta llegar a nuestros días. Lo que hoy es Occidente, y en buena medida el resto del planeta, se lo debemos a ellos.
Fue el triunfo de la razón, que desde entonces se ha convertido en el instrumento primero para el progreso de la humanidad. Pero es un triunfo con sombras porque en lo más hondo del ser humano también anidan la pasión, la irracionalidad y los impulsos más primitivos, que en ocasiones se imponen a la razón. La historia nos enseña a qué abismos nos ha llevado dejar de razonar cuando las vísceras sustituyen a la inteligencia. Y ahora nos enfrentamos a la paradoja de una amenaza creada por la inteligencia humana como es la Inteligencia Artificial, que no sabemos a dónde nos llevará.
Pero la máquina del progreso es imparable porque hace más de dos mil años hubo unos hombres que tuvieron el atrevimiento de pensar.
- Emilio Contreras es periodista