Ciudadanos de España y EE.UU.: Una relación de interés estructural
635 millones de hablantes habitaban nuestro idioma común en 2025, 30 millones más que el año anterior. 60 millones de ellos conforman el 20 % de la población estadounidense. 8.300.000 norteamericanos estudian ahora mismo nuestra lengua
Recomiendo el Informe recién publicado por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en España, AmCham Spain, sobre las relaciones económicas entre ambos países, titulado The Bridge. Datos y conclusiones ajenos a ideologías herméticas fotografían confianzas y necesidades compartidas, que hacen de nuestras sólidas interconexiones activos estratégicos para los dos pueblos. Yo aquí sólo circunvalo o añado algún asunto.
Mi bisabuela María, conservadora inteligente, me advertía a mis seis años que desconfiara del poder de los Estados Unidos y sus William Randolph Hearst, quienes «habían hundido el Maine» en el puerto de La Habana de 1898, para declararnos la guerra y hacerse con islas muy queridas. Al parecer, el navío experimentó una explosión fortuita, que la prensa sensacionalista americana habría convertido en un truculento ataque español, multiplicador de elementales emociones nacionalistas.
Setenta años después, los atómicos filocomunistas y socialistas de mi Universidad post-sesentayocho, menos estructurados, veían en los Estados Unidos todos los males sin mezcla de bien alguno: «OTAN no, bases fuera».
Ambas, como curvaturas irregulares de las córneas, generaron visiones borrosas y distancias personales.
Hoy nuestra gente joven sabe que, al cabo de siete siglos de reconquista, España descubrió América. Ni más, ni menos. Ambas se dieron sus vidas. Ni más, ni menos. Nuestra lengua arraigó allí donde los naturales fueron siempre españoles americanos, que casaron a menudo con españoles de Europa. Los diccionarios hispánicos de guaraní, quechua o náhuatl –«lenguas generales»– sostuvieron los idiomas locales.
En la «Gramática Castellana» de 1492 Nebrija –tan racional– destaca para la reina Isabel que la lengua acompaña y promueve siempre la proyección exterior de España, cuyo núcleo era y es una cultura.
Así, los hispanos españoles y americanos fertilizan hoy con su «verso nuevo y gentil y metálico y sonoro» la raíz de las Américas y las Europas, las Asias desde Filipinas y las Áfricas. Las Oceanías.
635 millones de hablantes habitaban nuestro idioma común en 2025, 30 millones más que el año anterior. 60 millones de ellos conforman el 20 % de la población estadounidense. 8.300.000 norteamericanos estudian ahora mismo nuestra lengua. Buena parte de aquella sociedad civil entiende el español como instrumento multirradial de relación. Estados Unidos avanza hacia su identificación como segundo país hispanohablante del mundo.
Los patos desaparecen cuando bucean, para emerger siempre, lo mismo que las realidades estructurales. Benjamín Franklin escribía en su diario el 25.05.1782: «Aunque no tenemos Obligaciones con España establecidas por un Acuerdo, tenemos las Obligaciones derivadas de la Ayuda que nos ha prestado»: la Fundación Reina Sofía destaca estos días esa limpia reflexión, en el marco de los 250 años tanto de aquella Independencia, como de las relaciones diplomáticas hispano-estadounidenses.
En ellas inciden nuevas realidades de calado, como la actual dependencia energética recíproca: decisión nuestra. Ante la volatilidad política de otros espacios geográficos, los Estados Unidos conforman ahora mismo nuestro primer suministrador de crudo –15,2 % de nuestro total importado– y gas natural licuado –30 % del conjunto del gas consumido en España–, en tendencia creciente.
Es más, la conexión mutua no es coyuntural, visto que ciudadanos y entidades españoles confían 114.000 millones de euros a los Estados Unidos como stock de inversión consolidada, mientras, a la inversa, nuestros amigos americanos invierten en España 116.000 millones de euros estadounidenses. El otro lado del Atlántico es primer receptor de nuestra inversión exterior y primer inversor aquí.
Pero, además, los jóvenes universitarios conocen de sobra dos interesantes rasgos básicos de las balanzas comerciales compartidas: en la de bienes aumenta el déficit español, precisamente por aquel crecimiento de nuestras compras energéticas. Durante 2025 exportamos por 16.716 millones de euros e importamos por 30.175, con déficit, por tanto, de 13.459 millones: de ellos, más de 3.400 corresponden al gas y el crudo mencionados.
Observemos en paralelo el comercio bilateral de servicios: en 2024 –últimos datos completos– el turismo conformaba el 32 % de nuestras exportaciones de servicios a EE.UU., cuando los turistas estadounidenses aportaron a España 6.158 millones de euros. Ahora bien, el 68 % restante de las exportaciones españolas de servicios al cliente estadounidense no sólo está conformado por consultoría, propiedad intelectual, servicios financieros y tecnología, con su alto valor añadido, sino que generó 12.894 millones de beneficio: más del doble que el turismo.
Los resultados de los servicios habrán experimentado en 2025 un aumento a nuestro favor que se acerca a lo que hemos pagado por productos energéticos. Esa tendencia al equilibrio de nuestras balanzas comerciales bilaterales parecía impensable hace pocos años.
Todo en función de continuas decisiones mutuas, reiteradas en el tiempo.
También en las comunidades autónomas. Para 2026-2030 Aragón cuenta con 33.700 millones de euros de inversión en el área digital, comprometidos por empresas estadounidenses, más otros 2.600 millones en Zaragoza. Objetivo: desarrollar nuevas tecnologías sin infraestructuras preexistentes.
En consecuencia, es fácil concluir: los 145.000 empleos directos e indirectos que creamos en los Estados Unidos y los 200.000 empleos directos generados por entidades estadounidenses en España, 345.000 en total, muestran que, cualquiera que sea el signo político de ambos gobiernos, las relaciones de todo orden entre los dos países dan vida a un proyecto permanente –y vital– en curso, a un ir y venir esperanzado que los ciudadanos estimulan de mil formas, también para impulsar y defender juntos la natural expansión libre de un mundo en democracia.
- José-Andrés Gallegos del Valle es embajador de España