Elecciones anticipadas el 29 de noviembre. Votar
1.– El Gobierno ha caído. 2 de octubre, 2026: por 178 y 184 votos perdía el endoso por el Congreso de dos reales decretos-ley, hojas de parra para cubrir su impericia en materia de vivienda desde 2018. El contenido pasaría al fin mediante otro trámite, dizque fraudulento, pero el 5 había ya convocatoria electoral anticipada: 29 de noviembre.
Como el cañón ilumina una zona oscura del escenario, el impío círculo de luz arrojado por aquellas dos votaciones mostró serias grietas estructurales en la alianza gobernante –izquierda radical y derecha secesionista con herederos del terrorismo–. Además, resaltó el papelón interpretado desde el 1 de junio de 2018 por el PNV.
Y, sobre todo, expuso el hastío social anunciado por tantas harturas.
2. –A saber:
La saturación ante la ausencia de Presupuestos Generales del Estado desde fines de 2022.
La llegada del votante al límite frente a la presunción de que la verdad no existe, traducida por un «relato» en la Cámara Baja, los Tribunales y los medios afines, marcado por incompetencias y/o falacias claras, color calavera, mondas. Vánitas. Incluso en presencia de las evidenciadas por joyetones de mal gusto.
Los mismos que han gobernado con Junts, habían votado antes, el 27 de octubre de 2017, a favor de la aplicación del art. 155 de la Constitución a la tragicómica declaración unilateral de secesión en el Parlamento de Cataluña, condenada por el Supremo, aunque ahora amnistiada sin sorpresa por siete miembros del Constitucional, incluido su fiel presidente, quienes con gran pompa hacen de ese órgano –elegido por políticos y distinto del Poder Judicial– un presunto tribunal de casación, extraído de aquella enorme chistera que es la interpretación de nuestro Derecho como mera predicción, actualizada sólo por las sentencias. Así, los principios morales, que no existirían, se construirían mediante debates racionales. Sólo de esta sencilla forma cabe aplicar imposibles amnistías a malversaciones de caudales públicos;
Se añade el acomodo en cargos oficiales de amigas «de un seguro servidor» –chotis–, o de varios; de ignorantes asociados y parentelas.
Desde el entorno del ideólogo –lo crean o no– expresidente Zapatero y con el actual jefe de Gobierno no pocos órganos del Estado han buscado y buscan generar divisiones frentistas de falsa republiqueta, marcadas por odios sarracenos incrustados en un modo insurreccional que coloca bastones en las ruedas del inmenso éxito de las instituciones españolas aportadas por la Transición y ralentiza el progreso ciudadano: como los de los actuales retrasos del AVE.
–«¡Alegría, alegría, que ha llegado la anarquía!», tararean los ácratas.
Cierto: autónomos, Pymes, universidades y los demás españoles hacemos crecer la economía al 2,6%. Pero la inflación del 4,9% (3,8%, media UE) con deuda pública del 100,7% del PIB (1,698 billones de euros) y una fiscalidad del 38,3% impiden frenar a ritmo razonable el paro del 23% entre menores de 25 años –400.000 personas– o achicar deprisa el número de 900.000 ninis entre 16 y 29 años. Todos padecen una ley de educación letal, según PISA 2026. Y eso que a los alumnos de la Cataluña nacionalista ni les han permitido presentarse.
Resultado: inoperante política exterior.
Minorías más leales a Marruecos que a España –críticas al CIS, a la UCO, a las fuerzas y cuerpos de la seguridad de nuestra sociedad–, respaldan la ocupación del Sáhara mientras aceptaban decenas de miles de ilegales en Ceuta el pasado julio y creaban vulnerabilidad. Imposible que Rabat ignorara los preparativos. Alternativa: Perejil en 2002 o veinte años sin este tipo de problemas.
Según el electorado el gobierno apenas tiene amigos: ni en los Estados Unidos, ni en Oriente Próximo –donde Hamás y los talibanes le felicitan–, ni entre las democracias hispanas, ni en nuestro entorno europeo, que entiende como ineptitud el abandono por el Ejecutivo de más de 60.000 millones de euros en fondos Next Generation: ¿cuántas viviendas habrían permitido promocionar los capitales españoles liberados por ellos? ¿dónde encontrar las 755.000 prometidas? ¿Ataja el crecimiento de la demanda un acortamiento de la oferta?
Tampoco hay, ni se espera, unanimidad para hacer del catalán lengua comunitaria. España pierde crédito cuando socios y aliados rechazan problemas que no son suyos. Aún más si desde aquí salen acuerdos zalameros con la China del Partido único –comunista–, empeñado en verse superpotencia también militar del mundo no democrático y del Sur Global, frente a un Occidente y en particular una UE a los que Pekín, adversario sistémico, desearía jibarizar. Ninguno aplaude la financiación de nuestra Defensa.
3. –La mayoría inmensa de los españoles demanda una Segunda Transición en el marco de una honradez hoy –a su parecer– perdida.
Preguntas clave:
¿Quiere el Partido Popular generar la ilusión, la esperanza, el liderazgo, la seguridad y la voluntad de proyección internacional necesarios? Una foto, no una opinión: si el PP no da la batalla cultural, será imposible el tipo de victoria electoral que desea, porque debatimos derechos y asuntos de honda carga civil.
No basta responder «estamos en ello». Con precisión: ¿qué propone? ¿Por qué no muestra un gobierno en la sombra? ¿Cuáles son sus mejores bazas en política exterior? ¿Conversa el líder con los primeros ministros europeos? ¿Dialoga con los restos de socialdemocracia alejados del frentismo para luchar juntos por el futuro común? No sabemos.
La política cantonal no sirve. El votante exige al PP conocer su política de Estado. Ahora, en plena precampaña electoral.