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tribunaFrancisco Uría Fernández

¿Qué estudiar en los tiempos de la inteligencia artificial?

Mi conclusión es la de que nuestros hijos deben estudiar lo que crean (y ahí la decisión es suya) pero que no dejemos de aconsejarles que hagan lo necesario para llegar a ser profesionales excelentes «aumentados» con la inteligencia artificial. Eso no es opcional

Los profesores recibimos con frecuencia preguntas de padres que nos piden consejo respecto de qué deberían estudiar sus hijos en los nuevos tiempos de la inteligencia artificial. Nosotros mismos, padres y madres al final y al cabo, nos la hacemos también.

Desde un punto de vista académico, es evidente que la inteligencia artificial lo está cambiando todo. Transforma el modo en el que se accede a la información y el conocimiento, la manera en que lo transmitiremos y, desde luego, la forma en la que evaluamos el conocimiento de nuestros alumnos.

Por otro lado, la inteligencia artificial está en todas partes y se ha abierto un debate sobre sus efectos potenciales sobre el empleo y, más concretamente, sobre si suprimirá o no determinadas profesiones, lo que lógicamente tiene una gran importancia a la hora de decidir sobre el itinerario formativo de los estudiantes.

A la hora de decidir qué estudiar, existen, con todos los matices que se quieran, dos grandes escuelas de pensamiento.

En primer lugar, se encuentra la aproximación «pragmática» que orienta la reflexión partiendo de la probabilidad de que la formación obtenida permita desarrollar una carrera profesional exitosa, con todo lo que ello conlleva, y que comienza con la posibilidad de encontrar un empleo bien remunerado a corto plazo.

La segunda manera de abordar la cuestión responde a la frase de «sigue tu corazón» o «sigue tu vocación», como quiera formularse, y básicamente consiste en dejar de lado el futuro profesional del estudiante para tomar la decisión exclusivamente por sus preferencias personales.

Antes de opinar sobre ellas, creo pertinente afirmar que los chicos y chicas son, por supuesto, personas con criterio propio y que la decisión, al margen de los consejos bienintencionados de sus padres, les corresponde exclusivamente a ellos. Los padres podemos tener preparado un plan «B» por si acaso, pero el plan «A» les pertenece sólo a ellos.

Volviendo a la alternativa planteada, recuerdo haber leído a alguien hace tiempo que todo aquel que recomienda (no sólo a la hora de decidir sobre los estudios sino para el conjunto de la carrera profesional) seguir «a ciegas» el camino «del corazón» sin atender a sus consecuencias económicas es porque ha tenido o tiene la vida resuelta. Puede ser cierto.

Una actividad profesional es importante en sí misma pero lo es sobre todo por la vida que conlleva en razón a su ubicación geográfica (dónde voy a trabajar, viajaré mucho o no…), remuneración económica, interacción social, desarrollo personal, interés intelectual, oportunidades de formación… Una elección inteligente debería atender a todas esas cuestiones y no sólo a si los futuros estudios «me gustan o no».

Pero no rehúyo la pregunta: ¿Deben nuestros hijos dejar de estudiar aquellas carreras con mayores posibilidades de verse afectadas por el desarrollo de la inteligencia artificial?

Mi respuesta radical es negativa, con dos condiciones.

La primera es que siempre serán necesarios profesionales excelentes para orientar, entrenar y corregir a la inteligencia artificial. Fuera de la excelencia, las cosas serán más dudosas.

La segunda es que «con IA» o «sin IA» es una falsa alternativa o, lo que sería peor, un autoengaño: nadie contratará a un profesional, por excelente que sea, si no es capaz de potenciar al máximo sus capacidades utilizando la inteligencia artificial.

Por eso, mi conclusión es la de que nuestros hijos deben estudiar lo que crean (y ahí la decisión es suya) pero que no dejemos de aconsejarles que hagan lo necesario para llegar a ser profesionales excelentes «aumentados» con la inteligencia artificial. Eso no es opcional.

  • Francisco Uría es profesor en Cunef Universidad