29 de noviembre de 2022

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En el año 2021 hubo 78 casos de mujeres y niñas (39 hindúes y 38 cristianas) secuestradas y convertidas a la fuerzaGTRES

El drama de las niñas cristianas secuestradas, casadas y convertidas por la fuerza en Pakistán

Asociaciones y movimientos de la sociedad civil de Pakistán, denuncian el enésimo caso de secuestro, matrimonio y conversión forzosa de la niña cristiana de 13 años Zarvia Pervaiz

La decepción entre los cristianos crece por los casos de secuestros, matrimonios religiosos forzados y conversiones, mientras las denuncias para que las instituciones intervengan caen en saco roto, según informa Agencia Fides.
Asociaciones y movimientos de la sociedad civil de Pakistán, denuncian el enésimo caso de la niña cristiana de 13 años Zarvia Pervaiz, víctima de secuestro, conversión forzada al Islam y matrimonio precoz.
El fenómeno, que parece estar bien presente en la sociedad pakistaní, alarma a las asociaciones que defienden los derechos de las personas, es condenado por miembros de diferentes religiones, y también se hace presente en las instituciones políticas.

La injusticia y la violación del Estado de Derecho se están convirtiendo en una peligrosa tendencia en el país

Tariq Gill, cristiano y miembro de la Asamblea Provincial de Punjab, tras visitar a la familia de Zarvia, ha expresado su grave preocupación por el hecho de que la niña aún no haya sido devuelta a su familia, a pesar de la denuncia, presentada ante la policía ya en mayo de 2022, de acuerdo con el artículo 365 apartado 'b' del Código Penal, que castiga el delito de secuestro, induciendo a una mujer a casarse.
Tariq Gill señala: «Exigimos que la niña cristiana sea devuelta a la custodia de sus padres, y que se emprendan acciones legales contra los secuestradores y quienes facilitaron este proceso de secuestro, conversión forzada y matrimonio forzado». Según el parlamentario cristiano, «es necesaria una ley que prohíba las conversiones forzadas y los matrimonios forzados de mujeres pertenecientes a minorías religiosas. Lo exigiremos en la Asamblea Legislativa, ya que es urgente proteger la vida de las mujeres en Pakistán. Condenamos la inacción y la incapacidad de los defensores de la ley y la justicia para recuperar a Zarvia». Tariq Gill señala que, «a pesar de las injusticias sufridas, nuestro pueblo cristiano se mantiene fuerte en su fe y avanza con esperanza».

Mientras los perpetradores gocen de impunidad, el crimen no se detendrá

Nadia Stephen, periodista y escritora comprometida con la defensa de los derechos de las mujeres paquistaníes, está de acuerdo, y afirma a la Agencia Fides: «La injusticia y la violación del Estado de Derecho se están convirtiendo en una peligrosa tendencia en el país. Pedimos a las autoridades gubernamentales que lleven a los autores ante la justicia, al igual que se debe garantizar la igualdad de derechos a todos los ciudadanos». «Las menores de edad, víctimas de secuestros, conversiones forzadas y matrimonios forzados», señala, «quedarán traumatizadas de por vida. Debido a un fenómeno de violencia y abusos impunes, ejercidos por los fuertes sobre los vulnerables, las minorías religiosas de Pakistán están perdiendo la confianza en la ley y en el sistema judicial».
La organización Voice for Justice se suma a la estigmatización del fenómeno y, a través de su presidente Joseph Jansen, afirma: «Corresponde al gobierno introducir salvaguardias legales y administrativas para proteger a las minorías de las violaciones de los derechos humanos y tomar medidas serias para poner fin a los secuestros, conversiones forzadas y matrimonios forzados de mujeres cristianas e hindúes en Pakistán». Jansen señala que «mientras los perpetradores gocen de impunidad, el crimen no se detendrá» e insta al gobierno a «introducir una ley integral para la protección de las mujeres víctimas de esta violencia física, psicológica y de conciencia».
Al pedir justicia para Zarvia Pervaiz y todas las víctimas de conversiones forzadas, Joseph Jansen recuerda el caso de una niña de 12 años, Maha Asif, que fue secuestrada en Lahore y llevada a Hasilpur, donde fue convertida y casada a la fuerza. La niña, en estado de postración física y psicológica, fue obligada a firmar documentos en los que declaraba su aprobación, bajo amenaza de muerte a los miembros de su familia.
Otros casos recientes se refieren a la ciudad de Faisalabad (Punjab): Saba Nadeem, de 15 años, y Chashman Kanwal, de 14, fueron secuestradas, convertidas a la fuerza y casadas por hombres musulmanes en los últimos meses.
Es cierto, señala Joseph Jansen, que en algunos casos ha sido posible reunir a las niñas con sus familias de origen, pero se sigue esperando que la justicia castigue a los autores. «Los tribunales deben hacer justicia a las víctimas y castigar a los autores y cómplices implicados, de acuerdo con las normas internacionales de derechos humanos y según las leyes de Pakistán», insiste.

78 casos en 2021

El 11 de agosto, con motivo del Día Nacional de las Minorías, Bilawal Zardari, ministro de Asuntos Exteriores de Pakistán y presidente del Partido Popular de Pakistán, partido gobernante en la provincia de Sindh, pidió públicamente que se protegiera a las mujeres de las minorías religiosas. La conversión forzada de mujeres de minorías religiosas -señaló- es uno de los mayores desafíos: ni el Islam ni la Constitución de Pakistán permiten o legitiman las conversiones forzadas. Hay que trabajar a nivel legislativo para frenar este fenómeno«. De este modo, dijo el Ministro, «demostraremos que creemos en la política de Muhammad Ali Jinnah, el Padre de la Patria, cuando aseguró que todos los ciudadanos de Pakistán serían iguales y disfrutarían de los mismos derechos».
Según un informe elaborado por el Centro para la Justicia Social (CSJ), una ONG dirigida por el católico pakistaní Peter Jacob, en el año 2021 hubo 78 casos de mujeres y niñas (39 hindúes y 38 cristianas) secuestradas, convertidas a la fuerza y casadas por hombres musulmanes. El 76% de ellos son menores. El número de casos registrados en 2021, dice el CSJ, aumentó un 80% en comparación con el año 2020. El fenómeno es sólo la punta de un iceberg, ya que muchos casos no son denunciados por las familias por miedo a las represalias
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