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Las monjas benedictinas del monasterio de la Santa Cruz de Sahagún (León)DeClausura

«Sentí una voz interior que me decía: 'Y tú, ¿por qué no?'»

La Iglesia celebra este domingo, 15 de junio, solemnidad de la Santísima Trinidad, la Jornada Pro Orantibus para recordar a los religiosos de vida contemplativa

En el marco de la Jornada Pro Orantibus, que tiene lugar hoy, 15 de junio, destacamos las distintas voces como la que expresa uno de los religiosos: «La vida contemplativa es una verdadera escalera de luz y oración que conduce a la humanidad hacia Dios». Además, ofrecen un valioso mosaico de experiencias espirituales que muestran cómo los consagrados y consagradas siguen siendo faros de luz en medio de la noche del mundo.

Son palabras que brotan de quienes han hecho de su vocación un camino de donación total, y que, desde el silencio del claustro o la reflexión profunda, recuerdan que Dios sigue actuando en lo escondido, alimentando con su gracia a toda la Iglesia.

«El fuego de Dios no se apaga»

La hermana M.ª Pilar Avellaneda, del monasterio de La Encarnación de Córdoba, ofrece una rica meditación en la que entrelaza la esperanza con la vivencia concreta de la vida contemplativa. «Un gran amor me espera, por eso mi vida es hermosa», le dijo una anciana.

La hermana subraya que el fuego de la fe no se mantiene encendido sin esfuerzo: «Para reavivar este fuego de Dios es necesaria la humildad de recorrer un camino», explica, evocando escenas bíblicas como los discípulos de Emaús.

Fr. Miguel María Vila, monje de San Isidro de Dueñas (Palencia), comparte su experiencia vocacional desde una peregrinación hasta Montecassino hasta su ingreso definitivo en la vida monástica. En su relato, reconoce que entrar en el monasterio es asumir una vida que «se alimenta de la profecía, de la esperanza», dice.

Un mensaje esperanzado que se convierte en un puente en medio del vacío. Con lucidez espiritual, afirma: «El claustro deja de ser el lugar perfecto, para convertirse en el lugar donde perfeccionarme en la caridad, la paciencia y la misericordia».

El sostén de la oración

Desde el Carmelo de Toro (Zamora), la hermana María Amata di Gesù relata su experiencia en el Congreso Nacional de Vocaciones celebrado en Madrid. Participó como carmelita descalza junto a otros religiosos y religiosas contemplativos, y se sintió parte viva del pueblo de Dios en marcha.

Destaca cómo el evento reavivó en ella la conciencia de pertenecer a una Iglesia peregrina, donde cada vocación tiene su lugar, y donde la vida contemplativa tiene la misión concreta de «estar todas ocupadas en oración por los que son defensores de la Iglesia», asegura.

Su reflexión final es una llamada a la fidelidad en la oración, incluso cuando no se ven frutos visibles: «Permanecer en su amor, incluso cuando no le vemos sentido, cuando el cansancio se apodera de nosotros». Su testimonio no es solo una afirmación de vida interior, sino un recordatorio de que la contemplación es servicio silencioso y activo.