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Un matrimonio observa los anuncios de viviendas en venta en una inmobiliariaEP

¿Debe un católico alquilar su casa por debajo del valor de mercado? Monseñor Argüello abre el debate

El arzobispo de Valladolid propone a los creyentes que tengan «viviendas cerradas» que las alquilen «por un nivel de renta menor» al establecido por la ley de la oferta y la demanda

Que existe un problema con la vivienda en muchas zonas «tensionadas» de España no se le escapa a nadie. Alquileres por las nubes, precios astronómicos para salarios precarios o hipotecas a cuentagotas son algunas de las trabas más frecuentes con las que se enfrentan a diario miles de ciudadanos en España. ¿La Iglesia puede hacer algo al respecto? El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y arzobispo de Valladolid, monseñor Luis Argüello, cree que sí, pero involucrando a los fieles.

En su última carta pastoral, el prelado lanza la cuestión: «Qué podemos hacer, sobre todo aquellos que tengan más de una vivienda, aquellos que sacan al mercado de manera legítima una vivienda para obtener una rentabilidad de un dinero que han invertido, quizás de sus ahorros o de cualquier otra circunstancia de la vida». Un cristiano, en esa situación, se encuentra en una disyuntiva: por un lado, «seguir las reglas del mercado». «Los precios están así en este determinado momento; incluso, la propia crisis de la vivienda me da una oportunidad de poder obtener unas rentas más altas», plantea monseñor Argüello.

La segunda opción, «si queremos situarnos con un criterio que brote del corazón mismo de la Eucaristía que nos invita a la comunión de vida y a la comunión de bienes», implicaría estar «dispuestos a aceptar, quizás, un nivel de renta menor que suponga, sí, una justa retribución a un dinero invertido, pero que no se someta a las reglas coyunturales de un mercado». «¿No deberíamos los católicos plantearnos cuál ha de ser nuestro criterio al poner en el mercado o no una vivienda que, quizás, tengamos cerrada?», cuestiona el presidente de la CEE.

Una doble vida

Según monseñor Argüello, el católico que se rige por el primer criterio, el de la máxima ganancia, «responde a una especie de doble vida aceptada o lo que el Papa Francisco llama en Dilexit nos una alienación social, citando a San Juan Pablo II». «Una cosa son los asuntos de la Iglesia, lo que vivimos en el templo, en la liturgia, que tiene sus reglas del juego, también en nuestra propia vida interior, y otra cosa son los asuntos de la calle, la vida económica, las relaciones entre vecinos, las decisiones en la vida social y política de nuestra vivencia como ciudadanos y eso tiene sus propias reglas del juego; ambas reglas, las del interior de la Iglesia y las de la calle son completamente distintas y no hay que preocuparse demasiado por ello», denuncia el prelado, lamentando esta dicotomía de vida.

«No me refiero a una doble vida moral en los comportamientos personales, sino una doble vida a la hora de asumir los fines de nuestra vida y los medios que ponemos para alcanzarnos», explica el arzobispo de Valladolid.

«Hemos de caer en la cuenta de que somos católicos y la catolicidad supone poner en relación unas cosas y otras, las que afectan al templo, las que afectan a la calle, las que afectan a la vida interior y las que afectan a nuestras decisiones en la producción, en el consumo, decisiones que unas pueden ser relacionales, que otras son económicas, que otras son políticas», expone el prelado.

«Tengamos esto en cuenta para ir avanzando en esta unidad de vida y, así, proclamar en todos los aspectos de nuestra existencia que es la hora del amor», subraya monseñor Argüello. «El amor también se manifiesta en estas decisiones que, además, tienen repercusiones para otros que pudieran organizar mejor su existencia», observa.

No es el primer obispo español que toca este tema. El obispo de Orihuela-Alicante, monseñor José Ignacio Munilla, sugirió hace unos días a los católicos que sean propietarios de viviendas en arrendamiento que reflexionen sobre la necesidad de alquilarlos «a precios razonables» y no tener en cuenta solo «el precio de mercado». Además, numerosas diócesis y congregaciones religiosas ofrecen pisos de alquiler para personas con pocos recursos económicos.