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Tres de las cuatro religiosas antes de declararEuropa Press

Las exmonjas de Belorado ocultan a las religiosas ancianas en un monasterio en ruinas sin condiciones mínimas

La situación, lejos de resolverse, ha generado un clima de tensión que impide incluso el desarrollo normal de las actuaciones judiciales

En un capítulo cada vez más oscuro de la crisis en los monasterios de Belorado y Orduña, la situación de las religiosas mayores ha despertado serias preocupaciones por su bienestar, su libertad y su dignidad. El conflicto, protagonizado por un grupo de exclarisas que se separaron de la Iglesia Católica y ocupan actualmente ambos recintos, ha derivado en lo que muchos califican como una deriva sectaria con tintes de manipulación y posible abuso.

El pasado domingo 27 de julio, cinco religiosas ancianas fueron trasladadas desde Belorado hasta Orduña, un monasterio que, según fuentes cercanas al caso, no reúne condiciones mínimas para su cuidado. Un solo baño geriátrico, estancias deterioradas, humedad en las paredes y sistemas de calefacción obsoletos componen el entorno al que han sido llevadas. El traslado, inicialmente programado para la mañana, se pospuso hasta la noche al detectarse la presencia de periodistas.

Lo más grave es que estas religiosas no son plenamente conscientes de lo que ocurre. Según varios testimonios, siguen creyendo que pertenecen a una comunidad católica, ajenas al cisma que protagonizan quienes ahora las custodian. Familiares denuncian que han sido engañados o ignorados cuando han intentado comunicarse con ellas, y algunos se plantean acciones legales contra el grupo cismático por su manera de proceder.

La gravedad del caso se ha incrementado tras la intervención judicial. El 30 de julio, una jueza se desplazó al monasterio de Belorado con intención de entrevistarse con las religiosas mayores, pero fue deliberadamente engañada: le aseguraron que se trataba de un domicilio particular sin revelar que las mujeres ya no se encontraban allí. La sentencia del 31 de julio avaló el desahucio y dio la razón al Comisario Pontificio, lo que ha derivado en la aplicación de medidas cautelares de protección de personas vulnerables, solicitadas por la Fiscalía y familiares.

El relato que ofrecen los abogados de las exmonjas está plagado de contradicciones. Afirman, por ejemplo, que las mayores no han sido trasladadas o que se niegan a abandonar el monasterio, cuando la realidad –según informes independientes– indica que están siendo manipuladas y utilizadas como escudo emocional por un grupo que ocupa ilegalmente los monasterios.

La situación, lejos de resolverse, ha generado un clima de tensión que impide incluso el desarrollo normal de las actuaciones judiciales. La misión no es, como algunos quieren presentar, secuestrar a las religiosas mayores, sino liberarlas de un entorno coercitivo y garantizar que puedan vivir su vocación con libertad y dignidad, como lo han hecho toda su vida. La pregunta que queda en el aire es: ¿cuánto más podrá sostenerse esta farsa sin consecuencias legales para sus responsables?