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El Arzobispo Edward J. Weisenburger ordenó sacerdotes al P. Benjamin Schroder, de 26 años (izquierda), y al P. Pat Bruen, de 67 años (derecha), para la Arquidiócesis de DetroitArquidiócesis de Detroit

Viudo, padre de cinco hijos y ahora sacerdote: «Sabía que el Señor quería decirme algo»

«Siempre estuvo cerca de Dios. Es valiente y dice las cosas bien. Sé que será un buen sacerdote», expresó uno de sus hijos

No se lo había planteado; al fin y al cabo, llevaba 40 años casado. Pero todo cambió cuando respondió a la llamada ardiente de Dios. Patrick Bruen, de 67 años, viudo y padre de cinco hijos, fue ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Detroit el pasado 7 de junio, junto a Benjamin Schroder, de 26 años, en la catedral del Santísimo Sacramento, en Detroit, Estados Unidos.

«Sin duda, es una gran alegría estar aquí y, para decir lo que todos sentimos, es un día de fiesta para toda nuestra arquidiócesis. Que ustedes den testimonio de esta vocación al sacerdocio es un aliento para sus hermanos sacerdotes, para los seminaristas con quienes han compartido este camino en los últimos años y para otros hombres que también están considerando esta vocación», dijo el arzobispo Edward J. Weisenburger durante la celebración.

Después de muchos años de oración, discernimiento, estudio y formación, estos dos hombres que entraban como diáconos salieron como sacerdotes, «ahora y para siempre, en el orden de Melquisedec», recoge la página de la arquidiócesis.

Según relata la Arquidiócesis de Detroit, el rito de ordenación comenzó con la elección de los candidatos, y el padre Stephen Burr, rector del Seminario Mayor del Sagrado Corazón, presentó a los diáconos Bruen y Schroder para recibir el orden sacerdotal. «El arzobispo aceptó la recomendación, lo que provocó un aplauso de la asamblea», detalla.

El Arzobispo Weisenburger animó a los dos nuevos sacerdotes de la Arquidiócesis de Detroit a cultivar amistades santas a lo largo de su ministerioArquidiócesis de Detroit

Preguntado acerca de cómo experimentó la llamada de Dios al sacerdocio, el padre Bruen indicó que durante sus 40 años de matrimonio no se «planteó la vocación sacerdotal»; sin embargo, cuando su mujer cayó enferma, «los médicos y las enfermeras fueron de gran ayuda, pero los sacerdotes y diáconos que vinieron a rezar, ungirnos y apoyarnos marcaron una gran diferencia», narra.

«Eso se me quedó grabado. Cuando mi mujer ingresó en el hospicio, empecé a sentir la presencia del Sagrado Corazón de Jesús: aquellas estatuas y pinturas del Sagrado Corazón que había visto pero ignorado toda mi vida empezaron a saltar a mi vista. Sabía que el Señor quería decirme algo», advierte.

Tras la muerte de su esposa, Patrick Bruen contó lo que había experimentado durante el duelo a un amigo sacerdote, quien le indicó que el seminario de Detroit se llamaba Sagrado Corazón. «Me señaló que tal vez Dios estaba tratando de decirme que yo tenía vocación sacerdotal ahora que mi vocación matrimonial había terminado», comenta. Esta conversación inició un camino que, 18 meses después, lo condujo al seminario.

«Vivir en comunidad con otros hombres que también han sido llamados ha sido una verdadera bendición. Rezar, adorar y aprender juntos ha ayudado mucho al crecimiento de mi vida espiritual», confiesa el padre Bruen.

Una llamada a servir al otro

«Si bien hay varias promesas que un hombre hace a lo largo del camino hacia el sacerdocio, hay dos votos que duran toda la vida», resaltó el arzobispo Weisenburger en su homilía el día de la ordenación del padre Bruen y del padre Schroder. «Me refiero, por supuesto, al celibato y la obediencia», indicó el arzobispo de Detroit, quien señaló a los dos hombres que no pensaran en el celibato sacerdotal como una evasión de las relaciones, sino como una dedicación plena al servicio.

«Podrían pensar que los hombres célibes estamos solos en nuestra perfección con Dios», continuó, pero «no hay nada particularmente virtuoso en aislarnos de la interacción humana, de esos lazos de amistad que ayudan a los demás a ver a Cristo en nosotros». Así, el arzobispo animó a los nuevos sacerdotes a entregarse por completo a las personas que encontrarán a lo largo de su ministerio. En este sentido, el padre Bruen confiesa que aquello que le atrajo del sacerdocio fue precisamente ese «servicio» al otro.

«Mientras cuidaba de mi esposa cuando estaba enferma y moribunda, aprendí que hay beneficios invisibles en el servicio a los demás. […] Dios nos da una gran alegría y muchas gracias cuando ayudamos a los demás. No he sido bendecido con muchos talentos particulares, pero siento que puedo ser útil», declaró. «Espero poder servir durante muchos años más», compartió en una entrevista para la Arquidiócesis de Detroit.

Una nueva misión tras años de vida familiar

Cuando sus hijos lo vieron administrar la Comunión por primera vez como sacerdote, se conmovieron profundamente. «Siempre estuvo cerca de Dios. Es valiente y dice las cosas bien. Sé que será un buen sacerdote», expresó uno de sus hijos, según recoge la Arquidiócesis de Detroit.

Al final de la Misa de ordenación, el padre Bruen pronunció unas palabras en acción de gracias. En ellas recordaba a su familia, amigos, formadores y hermanos del seminario: «A simple vista, Ben y yo somos muy distintos», comenzó su intervención. «Nuestra formación, tanto la académica como la práctica, ha seguido rumbos diferentes en muchos aspectos. Nuestras experiencias de vida también pueden haber sido distintas, pero en muchos sentidos importantes somos iguales. Ambos estamos tratando de vivir según el plan de Dios para nosotros. Lo que tenemos en común es que, al entregarnos al Señor, llegamos a ser más plenamente quienes somos, para mayor gloria de Él».

«Gracias al esfuerzo de muchísimas personas, estamos listos para ser sacerdotes», afirmó el P. Bruen, «pero, sobre todo, por la acción del Espíritu Santo que ahora nos llena. Por eso, nuestra gratitud y todo lo que somos se lo damos a Dios. Así que gracias, Jesús», concluyó.