Católicos en Vietnam durante una misa
«Solo podíamos abrazar la estatua de la Virgen María y rezar para que el sacerdote llegara sano y salvo»
Antiguamente, los católicos de las Islas Pirata, en Vietnam, debían esperar semanas para participar en misa, además de sufrir persecuciones, aislamiento y muchas dificultades para mantener la fe
Actualmente, las islas de Hòn Tre y Hòn Giangsse encuentran guiadas espiritualmente por el sacerdote Vincent Nguyen Minh Phung, que hace posible que la celebración eucarística sea la nueva normalidad: ahora es celebrada cada día.
«En el pasado, deseábamos mucho poder participar en la misa dominical, pero a veces había que esperar un mes entero antes de que viniera un sacerdote a celebrarla. Ahora, la presencia de una iglesia, de un sacerdote y de unas religiosas que nos acompañan nos llena de consuelo y estamos muy felices, como si estuviéramos conectados con tierra firme», afirma a Fides María Tran Thi Be, feligresa isleña y miembro de la comunidad católica de Hòn Tre, perteneciente a la diócesis de Long Xuyên, en el sur de Vietnam.
«Esta iglesia no es solo un lugar de oración, sino también un faro que mantiene firme nuestra fe entre las tormentas de la vida en alta mar», reflexiona la devota.
Iglesia de la isla de Hòn Tre (Vietnam)
Hòn Tre, donde se encuentra la iglesia y residen más de 220 feligreses dedicados principalmente a la pesca, es la isla más poblada del archipiélago compuesto por 16 islas. El conjunto recibe el nombre de «Islas Pirata» por un motivo histórico: entre finales del siglo XVII y comienzos del XVIII, grupos de piratas se establecieron allí para atacar los barcos mercantes que transitaban por la zona.
A pesar de las dificultades que enfrenta la población —como el limitado acceso a la educación o la pobreza—, la fe se mantiene y actúa como firme ancla que sostiene la esperanza. Gracias a la labor evangelizadora, cada vez son más quienes participan en la misa diaria y en celebraciones significativas como la Semana Santa.
Inicios de la fe católica en las islas
La presencia católica de Hòn Tre nació en los años sesenta, cuando algunas familias católicas se trasladaron a la isla de Hai Tac para ganarse la vida. Los feligreses locales junto con el sacerdote Michael Le Tan Cong construyeron una iglesia, una escuela y un dispensario médico que, a pesar de ser pequeños, marcaron la presencia de la fe en aquella remota isla. Sin embargo, este camino lleno de dificultades no hacía más que comenzar.
El fin de la guerra de Vietnam en 1975 marcó también casi el final del catolicismo en la isla, debido al abandono de muchos fieles. Durante años, la comunidad permaneció sin sacerdote, por lo que las actividades religiosas, como la enseñanza del catecismo, fueron asumidas por los propios laicos.
En los últimos años, el catolicismo en Hòn Giang ha experimentado una verdadera renovación gracias a la atención de la diócesis y de las órdenes religiosas, especialmente desde la llegada del padre Vincent Nguyen Minh Phung. Comprometido con mantener viva la fe y la celebración de los sacramentos, el sacerdote viaja en barco desde Hòn Tre hasta Hòn Giang cuatro días a la semana para celebrar la misa.
«Antes, el sacerdote solo venía una vez al mes a celebrar la misa. Durante la temporada de los vientos, teníamos que esperar un mes y medio. Las mujeres mayores solo podíamos abrazar la estatua de la Virgen María y rezar para que el sacerdote llegara sano y salvo. La vida de los pescadores ya era precaria, y sin oraciones ni misas, nos parecía aún más precaria que un barco en medio del mar por la noche», recuerda Anna Nguyen Thi Hong, residente de 75 años en Hòn Giang.
Otro testimonio que ilumina esta realidad llena de esperanza es el de la feligresa Nguyen Thi Suong, quien comparte con gratitud: «Ahora no solo tenemos misas regulares, sino que nuestros hijos también reciben una excelente educación gracias a las religiosas».
Archipiélago Pirata, en el sur de Vietnam
«Para nosotros, la iglesia aquí no es solo un lugar de oración, sino también un faro que sostiene las almas de los habitantes de la isla y nos ayuda a vivir con compasión, a estudiar más y a mantener la fe en medio de las dificultades, como nos enseñan nuestro sacerdote y el obispo de la diócesis», detalla la ciudadana local.
El médico que fue verdadero misionero
En la isla de Lý Sơn, la fe cristiana no llegó por medio de misioneros, sino gracias a un médico. El doctor Duong Minh Giang fue enviado allí por motivos laborales en 1959. Alquiló una habitación en la casa de un pescador local y pidió permiso para instalar un altar dedicado a Jesucristo. Aquel pequeño gesto tuvo un verdadero impacto: poco después, toda la familia del propietario se convirtió al catolicismo, impresionada por su modo de orar y su vida moral ejemplar.
Con el tiempo, la isla se convirtió en un pequeño centro misionero con una capilla, donde hoy se levanta la iglesia parroquial. Es la única parroquia del distrito insular con una población de 22.174 habitantes.
En 1966, el padre Peter Nguyen Hoang Diep —el primer religioso enviado— promovió la educación de los niños, sin distinción de religión. No obstante, el final de la guerra en 1975 significó para la fe católica una dura persecución bajo el nuevo gobierno comunista. La capilla y las casas parroquiales fueron confiscadas y destinadas a fines civiles y militares. Durante 14 años no hubo sacerdotes ni celebraciones sacramentales, y los fieles locales mantuvieron viva la fe por sus propios medios.
Un final feliz
Después de grandes esfuerzos, en 1993 la iglesia fue devuelta a la comunidad. Lý Sơn se ha convertido en un ejemplo de perseverancia: los propios ciudadanos supieron custodiar las semillas de la fe, mantener su camino y luchar para recuperar el templo.
La parroquia fue oficialmente fundada en 1995 por el obispo de la diócesis y acogió a su primer párroco. Gracias a las contribuciones de la comunidad, la iglesia —situada en una zona pobre y aislada— se ha convertido en el hogar de 521 creyentes.