El candor inocente del universo poético de Joaquín González Estrada
En el campo de la literatura para niños es en el que destaca, con una poesía en la que se mezclan imaginación, diafanidad, musicalidad. humorismo, ternura, alegría… en definitiva, los requisitos adecuados para afrontar una poesía destinada a edades infantiles
Belén en la exposición sevillana «Franciscus, 800 años de belenismo», con motivo de congreso «Franciscus 1223-2023»
Joaquín González Estrada (Puente Genil, 1922 - Madrid, 1990), fue maestro de profesión y escritor por vocación. Libros como Son de Guadarrama (VOX, 1984), donde ofrece sus visiones sobre la sierra de Guadarrama, o Puerto del viento (Caja de Ahorros de Ronda, 1985), obra en la que plasma sus recuerdos de Ronda, ya dan una idea de su talento poético.
Sin embargo, es en el campo de la literatura para niños en el que destaca, con una poesía en la que se mezclan imaginación, diafanidad, musicalidad. humorismo, ternura, alegría… en definitiva, los requisitos adecuados para afrontar una poesía destinada a edades infantiles. Baste con citar algunas de sus más conocidas obras: Casita de fieras (Barcelona, La Galera, 1971); Monigote pintado (Valladolid, Miñón, 1982. Colección Las campanas, núm. 38); Cinturón negro (Madrid, Escuela Española, 1998. Colección Caballo de cartón, núm. 51); y Yupanaki (Madrid, Susaeta, 1990), libro publicado poco después de su muerte, integrado por 50 ingeniosos poemas breves o haikus, mezcla de sabiduría oriental, gracejo andaluz y espontáneas ocurrencias muy propias de niños. Incluso hay un disco, grabado en 1976, que recoge una antología de sus villancicos: «Portalillo de Belén».
Y de sus poemas de contenido navideño elegimos dos, los titulados «A Belén por soleá», dedicado a Emilio Jiménez Díaz, acreditado flamencólogo, -conocida es la afición al flamenco de González Estrada-, y el célebre poema «La hormiguita cojita».
A Belén por soleá
el carpintero José
inventó la celosía.
Entre la risa y el llanto
-Belén y Getsemaní- 5
¿qué estaría el Niño soñando?
Un burrito piconero
de la Córdoba del río,
le llevaba un sonajero.
Pasito a paso, 10
caminito de Belén
pero con los pies descalzos.
14 versos conforman este ingenuo poema, fechado en 1987 y dividido en cuatro estrofas, que son precisamente otras tantas soleás: versos octosílabos, agrupados en conjuntos de tres, de forma que los impares riman en asonante y el verso par queda libre:
soleá 1: asonancia /-ía/ (versos 1 y 3: «María/celosía»);
soleá 2: asonancia /á-o/ (versos 4 y 5: «llánto/soñándo»);
soleá 3: asonancia /é-o/ (versos 7 y 9: “piconéro/mensajéro);
soleá 4: asonancia /á-o/ (versos 10 y 12: («páso/descálzos»).
Adviértase que tres de los cuatro versos libres terminan en palabra aguda: «José/Getsemaní/Belén», respectivamente.
Y cada soleá tiene su peculiaridad argumental. Porque cuatro son los personajes: María, José, el Niño… y el burrito piconero.
La primera soleá presenta a María y a José, «el carpintero». Y por eso puede construir una celosía -es decir, un enrejado de listoncillos de madera que se coloca en las ventanas de las casas para que quienes están en su interior vean sin ser vistos-, pues de esta forma protege a María, evitando el enrojecimiento de su rostro -«rubor»-, ante la posibilidad de sentir vergüenza.
En la segunda soleá se entremezclan la risa del nacimiento («Belén») con el llanto del futuro «Getsemaní», el jardín donde, según el Nuevo Testamento, Jesús oró la última noche antes de ser arrestado para ser después crucificado. La interrogación retórica del poeta, con verbo en condicional, hace más patética la oposición «risa/»llanto del verso 4: «¿qué estaría el Niño soñando?» (verso 6); además, el verbo en gerundio prolonga ese estado de un sueño de imágenes contradictorias.
La soleá tercera requiere alguna explicación léxica e incluso sociológica. Al calificar, en el verso 7, al «burrito» como «piconero» (es decir, «carbonero») se hace referencia a una tradición que estaba muy arraigada en Córdoba -la del río Guadalquivir- y en otras ciudades andaluzas: era frecuente encontrarse con burros cargados de «picón», que es el carbón muy menudo, hecho de ramas de encina, jara o pino, destinado a alimentar los braseros; y guiados por «piconeras». [En la mente de muchos aún resuenan letra y música del tanguillo «Lola la piconera», interpretada por Juanita Reina en la película española del mismo nombre, filmada en 1951, con letra y música de Quintero, León y Quiroga, y basada en la obra de teatro de José María Pemán Cuando las Cortes de Cádiz]. Y resulta que el «burrito piconero» lo que hace es emprender el camino hacia Belén para obsequiar al Niño con un sonajero (verso 9).
En la soleá cuarta, el «burrito piconero» inicia, poco a poco (verso 10: «Pasito a paso») el «caminito de Belén» (verso 11); y los diminutivos, por su valor afectivo, hacen más dramática la forma en que efectúa el recorrido: «con los pies descalzos» (verso 12). Los tres diminutivos que figuran en el texto («burrito/pasito/caminito» -versos 7, 10 y 11, respectivamente-) se encargan de difundir, en la segunda parte del texto, ese clima de afectividad que es uno de los atractivos del texto.
La hormiga cojita
El poema «La hormiga cojita», que llegó volando a Belén para no perderse el nacimiento del Redentor, es uno de los más repetidos en libros de poesía para los más pequeños, y pertenece a la obra Cinturón negro. Lo reproducimos aquí por ese candor inocente que caracteriza el universo poético del autor.
La hormiguita cojita
rota la patita,
sin poder andar,
la pobre hormiguita
se puso a llorar. 5
-«¡A ver cómo voy,
cojita que estoy...!
La oyó el caracol:
“No llore, señora,
la llevaré yo». 10
A ochenta por hora
pasó una tortuga:
-«¡Suba, suba, suba...!»
Pero un gorrión
la cogió en su pico 15
y se la llevó…
Así es como fue
la pobre hormiguita
cojita
volando a Belén. 20
Ritmo sostenido, sonoridad de la rima, versos de arte menor -todos los versos son hexasílabos, salvo el 1 y el 19; este último actúa como pie quebrado, y realza el adjetivo que recoge el esfuerzo de la hormiguita -al menos en su intención:- «cojita», y plasticidad de imágenes sencillas permiten a esta poesía de González Estrada llegar fácilmente al corazón de los niños.
Son, pues, 20 los versos que relatan poéticamente la peripecia de la hormiguita para llegar a Belén: como estaba «cojita», la invitada invitó un caracol a subir en su concha; pero, al final, fue un gorrión el que la llevó sujeta de su pico. Un «escenario», pues muy infantil y conmovedor.
Y estos 20 versos se distribuyen en cuatro agrupamientos estróficos convencionales. El primero (versos 1-5) podría ser una quintilla, pues al menos la rima obedece a las exigencias de esta estrofa: riman en consonante los versos 1, 2 y 6 en /-íta/ («cojíta/patíta/hormiguíta», respectivamente); y también en consonante, /-ár/, los versos 3 5 («andár/llevár, respectivamente). No sucede lo mismo con el segundo agrupamiento estrófico, también de cinco versos (versos 6-10), pero esta vez la distribución de rimas, en relación con la posición de los versos, cambia: riman el 6 con el 7 en /-óy/ (“vóy/estóy», respectivamente; hay que advertir que son solo cuatro los verbos cuya primera persona del singular del presente de indicativo termina en el diptongo /oi/, escrito «oy»: «doy/estoy/soy/voy»); el 8 con el 10, con rima asonante aguda: «caracól/yó», respectivamente); y, en principio, el verso 9 parece ser un verso libre, aunque la rima /-óra/ («señóra») reaparecerá en la siguiente estrofa, en el verso 11 («hóra»).
En el tercer agrupamiento estrófico (versos 11-16) riman el 12 con el trece en /ú-a/ («tortúga/súba», respectivamente; repárese en el valor enfático de la triple repetición de la forma imperativa «suba», así como el clima de indecisión que los puntos suspensivos introducen, en el verso 13); los versos 14 y 16 riman en /-ó/ aguda («gorrión/llevó», respectivamente); y el único verso libre en todo el poema es el 15, ya que la rima /í-o/ («pico») no se repite.
La cuarta estrofa podría tratarse de una redondilla heterométrica, ya que riman en asonante aguda /é/ los versos 17 y 20 («fué/Belén», respectivamente), y en asonante llana /-íta/ (rima que ya se ha empleado en los versos 1, 2 y 4) el 18 con el 19 («hormiguíta/cojíta», palabras que sustentan la estructura el poema). Los efectos auditivos que produce esta combinación de rimas asonantes, mayores en número, y consonantes, es fácilmente perceptible al oído y distribuyen a lo largo del poema unos matices auditivos de probada sonoridad.
Cierto interés tiene el segundo agrupamiento estrófico, porque la voz de la hormiguita irrumpe de pronto, y su breve parlamento ocupa dos versos (el 7 y el 8: «-¡A ver cómo voy, / cojita que estoy...!»). El caracol escucha su lamento y se ofrece a llevarla, y su parlamento ocupa también dos versos (el 9 y el 10: «No llore, señora, / la llevaré yo» (es decir: «no llore, señora, / que yo la llevaré»; lo que demuestra la mayor eficacia de la construcción paratáctica sobre la hipotáctica, de cara a simplificar la expresión). Pero entre ambos parlamentos, -el de la hormiguita y el del caracol-, el verso 8 («La oyó el caracol») sirve para introducir en el poema a la «voz poética narrativa» -muy presente a lo largo de él-, que se las ingenia para no hacer depender el parlamento del caracol del «verba dicendi», forma esta de lograr un estilo lo más sencillo posible. Algo similar sucede en los versos 11-13: «A ochenta por hora / pasó una tortuga: / -“¡Suba, suba, suba...!». No ha sido necesario complicar la estructura sintáctica añadiendo, por ejemplo «y le dijo [la tortuga] al caracol», sino que la tortuga habla directamente, con la economía que implica el «in medias res», entrando de lleno en el asunto sin más rodeos.
Una hormiga «cojita»; un caracol que parece desplazarse con rapidez; una tortuga que es capaz de alcanzar los ochenta kilómetros por hora; un gorrión que puede transportar en volandas, cogida por su pico, y hasta Belén, sin sabe desde donde, a esa hormiguita cojita… Es ese fantástico mundo de animales tan del gusto de la sensibilidad e imaginación infantil con el que González estrada ha puesto en pie un sugestivo villancico. Y que parece querer decirnos: «¡Todos a Belén!», al menos con el corazón.