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León XIV, junto a un grupo de cardenales en la inauguración del consistorioVatican Media

León XIV prescinde del C9 y reúne a todos los cardenales del mundo para definir las prioridades de la Iglesia

El Papa ha convocado un consistorio cardenalicio, «no para definir agendas personales ni grupales», ni para actuar «como un grupo de expertos», sino para «discernir juntos» cómo hacer hoy presente a Dios

Hace poco más de ocho meses, a finales de abril de 2025, todos los cardenales del mundo se dieron cita en Roma para trazar el perfil del hombre llamado a ser el nuevo Sucesor de san Pedro tras la muerte del Papa Francisco.

Y aunque no fue hasta el 8 de mayo cuando el hombre por ellos elegido, el norteamericano Robert Francis Prevost, salía al balcón central de la logia vaticana ya como León XIV, durante semanas, los sucesores de los apóstoles que han prometido dar hasta su sangre por Cristo –ese es el sentido de las vestiduras rojas de los cardenales– habían estado debatiendo en las congregaciones generales los grandes temas que debían marcar el rumbo de la barca de la Iglesia.

Aquellas reuniones, destinadas ante todo a preparar el cónclave posterior, apuntaron someramente algunos de los grandes temas que el nuevo pontificado debía acometer. Y ahora, el Pontífice que había participado en ellas como cardenal, ha querido darles continuidad –y profundidad–, convocando de nuevo a todos los cardenales del mundo en un consistorio.

Evangelización, sin agendas de lobby

El objetivo, tal y como el propio León XIV les ha recordado, no es «promover agendas personales o grupales» –en una velada alusión a aquellos que desean hacer labor de lobby ideológico más que una verdadera obra de apostolado–, sino buscar el mejor modo de hacer presente a Dios en un mundo marcado por la incertidumbre económica y geopolítica. Pero también por un movimiento espiritual que no se había dado en décadas: mientras el islam parece extenderse a golpe de índices de natalidad, occidente asiste a un renacer de la búsqueda de trascendencia en las nuevas generaciones, mientras gobiernos y entidades supranacionales pisan el acelerador de la revolución antropológica, a lomos de la Inteligencia Artificial y de una ideología de género cada vez más asumida... y también más cuestionada.

Por si cabían dudas, en su homilía de este jueves, el Papa ha recordado a los 170 cardenales que participan en este consistorio extraordinario que con la convocatoria busca «discernir juntos lo que el Señor nos pide por el bien de su Pueblo».

Y para ello, es imprescindible «detenerse para orar, escuchar, reflexionar y así volver a enfocar cada vez mejor la mirada» en Dios, dirigiendo a la evangelización «todos los esfuerzos y recursos, para no correr el riesgo de correr a ciegas o dar golpes en el aire».

«De hecho –insistía– no estamos aquí para promover agendas personales o grupales, sino para confiar nuestros proyectos e inspiraciones al escrutinio de un discernimiento que nos supera 'como el cielo se alza por encima de la tierra' (Is 55,9) y que sólo puede venir del Señor».

Sin el C-9, por ahora

Este movimiento del Papa implica también que, por ahora, León XIV no ha querido reunirse con el llamado C-9, un consejo de 9 cardenales que fue creado por el Papa Francisco para auxiliarle en su labor, aunque muchos cuestionaban su real eficacia en el gobierno de la Iglesia.

Al contrario, por el momento el Papa Prevost parece prescindir de este organismo, y ha recordado a los 170 miembros del consistorio cardenalicio que «nuestro colegio, aunque rico en muchas capacidades y dones notables, no está llamado a ser, en primer lugar, un equipo de expertos, sino una comunidad de fe, en la que los dones que cada uno aporta, ofrecidos al Señor y devueltos por Él, produzcan el máximo fruto, según su Providencia».

Para manifestar su deseo de radiografiar los retos de la Iglesia que ya fueron apuntados en las congregaciones generales, el Sucesor de Pedro ha animado también a los cardenales a «dejarnos modelar por el Espíritu, primero en la oración y en el silencio, pero también mirándonos a los ojos, escuchándonos unos a otros y haciéndonos voz, a través del compartir, de todos aquellos que el Señor ha confiado a nuestro cuidado como pastores, en las más diversas partes del mundo».

Una «gran multitud» hambrienta y con vacío existencial

Eso sí, las insistencias del Papa León para que la reunión tenga una visión sobrenatural y una apertura a la acción eficaz del Espíritu Santo no son una invitación a evadirse de los problemas del mundo.

Justo al revés: citando el pasaje de la multiplicación de los panes y los peces recogido en el evangelio de san Marcos (y que se había leído durante la liturgia de la Palabra de la eucaristía), el Pontífice explicaba que «también nosotros, ante la 'gran multitud' de una humanidad hambrienta de bien y de paz, en un mundo en el que la saciedad y el hambre, la abundancia y la miseria, la lucha por la supervivencia y el desesperado vacío existencial siguen dividiendo e hiriendo a las personas, a las naciones y a las comunidades, ante las palabras del Maestro: 'Dadles vosotros de comer', podemos sentirnos como los discípulos: inadecuados y sin medios».

E incluso reconocía que los hombres y mujeres que conforman la Iglesia (a la que ha aludido en una expresión casi desterrada en el pontificado anterior, la de «Cuerpo Místico de Cristo») y los mismos cardenales convocados «no siempre conseguiremos encontrar soluciones inmediatas a los problemas que debemos afrontar».

La exigencia espiritual del Papa

«Sin embargo –añadía en su homilía, en la que ha citado dos veces a san Juan Pablo II y a san Agustín, una vez a san León Magno, y otra brevemente a su predecesor inmediato–, siempre, en cualquier lugar y circunstancia, podremos ayudarnos mutuamente, y en particular ayudar al Papa, a encontrar los 'cinco panes y los dos peces' que la Providencia nunca hace faltar cuando sus hijos piden ayuda; y acogerlos, entregarlos, recibirlos y distribuirlos, enriquecidos con la bendición de Dios, la fe y el amor de todos, para que a nadie le falte lo necesario».

Y ha concluido con una expresión de san Agustín, que conforma una petición expresa a Dios, que muestra a los cardenales la exigencia espiritual que de ellos espera el nuevo Papa: «Da lo que mandas y manda lo que quieras».