José María Arizmendiarrieta, en su inseparable bici

En el 'Año Arizmendiarrieta'

«El milagro de Mondragón»: 20 minutos que explican cómo un cura creó la cooperativa más grande del mundo

José María Arizmendiarrieta, fundador de la Corporación Mondragón, fue declarado venerable por la Iglesia católica en 2015

En 1936, al inicio de la Guerra Civil, José María Arizmendiarrieta era un joven seminarista de 21 años que «había aprendido a amar a Euskadi sin por ello odiar a ninguna otra patria», según recogen los biógrafos del que, más tarde, se convertiría en el alma mater de la Corporación Mondragón, la cooperativa que, a día de hoy, sigue siendo la más grande del mundo.

En un entorno en el que parecía empeñado en obligar a odiar al resto de España, Arizmendiarrieta supo ser fiel al mandato evangélico de amor al prójimo, sin exclusiones. Pese a ello fue detenido y juzgado por un tribunal del bando vencedor, que le acabó absolviendo. «No me importará el qué dirán los que me rodean, tan sólo qué dirá Cristo de mí», solía repetir el joven vizcaíno.

Este año 2026 se cumple medio siglo de su muerte, y por eso las diócesis vascas se han volcado en la celebración del Año Arizmendiarrieta. «Este sacerdote nacido en 1915 en Markina, impulsor de grandes empresas como Fagor, Eroski y la Caja Laboral, logró transmitir su modelo empresarial basado en la justicia social, la participación, la dignidad humana y la democracia interna», explican desde la diócesis de Vitoria.

Propiedad compartida de las empresas

Fue un sacerdote muy querido, consultado y admirado. «Tal fue así que, en su fallecimiento, miles de personas pasaron durante dos largas jornadas por su capilla ardiente en 1976, instalada en la parroquia de Mondragón. Su funeral fue concelebrado por 60 sacerdotes, acudiendo numerosas autoridades institucionales y empresariales, con el entonces Ministro de Trabajo al frente», prosiguen.

Su filosofía era sencilla: «Creía que la economía debía servir a las personas, fomentando la corresponsabilidad y la propiedad compartida entre trabajadores». «Fue, sin duda, un adelantado a su tiempo que buscó la transformación social a través de la educación y el trabajo, creando un modelo empresarial único enfocado en la dignidad humana y basado en el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia», agregan.

«El mundo obrero no creerá en la Doctrina Social de la Iglesia si no la ve encarnada en la realidad de sus obras sociales», repetía con una lógica aplastante. Y añadía: «La fórmula cooperativa requiere que la actividad humana comparta e implique unos valores humanos superiores, por lo que el trabajo, el capital y la organización no son sus fines en sí sino medios para servir mejor los intereses humanos».

El Papa Francisco lo declaró Venerable – certificando así que vivió las virtudes cristianas en grado heroico– en el año 2015, y la Iglesia mantiene abierta la causa de su canonización a la espera de un milagro por su intercesión.