Fundado en 1910

El filósofo y escritor, durante la entrevistaDaniel Vara

Entrevista al filósofo e historiador francés

Rémi Brague: «Europa quiere salir de la historia, quedarse en un estado de paz... pero es la paz de la muerte»

El intelectual ha visitado España para presentar su último libro y participar en un cara a cara con Fabrice Hadjadj

Cuando se le formula una pregunta, no suele dispensar una respuesta automática, aprendida, de laboratorio. En lugar de eso, se lleva la mano al mentón, baja la mirada, entorna levemente los ojos, escucha con atención y se queda unos segundos en silencio. Responde a veces ampliando la duda que se le ha planteado, haciendo ver que el tema «es complejo», una expresión que repite con cierta frecuencia.

Rémi Brague es un sabio que duda. Tal vez sea esa, precisamente, la verdadera esencia de la sabiduría: no saberse guardián de arcanas e inconmovibles certezas absolutas, sino empequeñecerse ante lo desproporcionado del misterio y permanecer en silencio. Descalzarse, como el que se adentra en terreno sagrado y desconocido. Volverse niño, en definitiva; un niño que ha tenido la fortuna de no perder aún la capacidad de asombro.

Hay algo en Rémi Brague que evoca, precisamente, a la infancia: ese afán suyo por aprender, por sorprenderse. Poco importa que este sabio que duda sea profesor emérito de 'Filosofía Medieval' en la Sorbona de París y de 'Historia del Cristianismo Europeo' en la universidad Ludwig-Maximilians de Múnich (Alemania), o que haya sido distinguido con innumerables reconocimientos como el Gran Premio de Filosofía de la Academia Francesa (2009), o el Premio Ratzinger de Teología (2012), o que fuese investido Doctor honoris causa por la Universidad CEU San Pablo de Madrid (2020).

Posee esa sabiduría –extraña e infrecuente– de quien ha logrado encumbrarse sobre un grano de arena de conocimiento pero, a la vez, admira asombrado la playa inmensa que le queda por descubrir. No se engríe con la sabiduría arduamente acumulada, ni tampoco se desalienta al contemplar la infinitud que tiene por delante.

El último libro de Rémi BragueEncuentro

Anoche participó en un encuentro titulado Quo Vadis, Europa?, que se celebró en la Universidad CEU San Pablo junto a otro gigante del pensamiento: Fabrice Hadjadj. El diálogo entre ambos fue auspiciado por el Real Instituto CEU de Estudios Europeos, en colaboración con el Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEU CEFAS) y la Fundación NEOS, enmarcado en sus actividades como Centro de Excelencia Jean Monnet. Presentaba, además, su último libro: A cada uno según sus necesidades (editorial Encuentro).

– Su libro lleva por subtítulo Pequeño tratado de economía divina. Indudablemente, es llamativo. ¿Nos puede adelantar a qué se refiere?

– La concepción cristiana de la Providencia supone que Dios, que lo hace todo, deja la libertad y la posibilidad de hacer cosas, y de hacer cosas nuevas. La capacidad de progreso. Confía en la libertad y la inteligencia del hombre. Y se ve cuando se observa la jerarquía de los seres, de la parte de la acción que es confiada a un ser, a una criatura. Una criatura crece con el nivel de su perfección. A los animales, Dios les confía el instinto, y el instinto les lleva a comer y a reproducir la especie.

Con el hombre, la parte que Dios le confía es la libertad, que resulta incomparablemente más grande. Puede escoger las estrategias que le permitirán lograr su bien y, además, ese bien es de carácter más elevado que el de los animales. Para los animales, el bien consiste en sobrevivir: en encontrar agua, alimento, poderse reproducir. En el hombre se desarrolla esa búsqueda del bien en una historia. El hombre tiene una memoria. Puede añadir a lo que ha hecho en un momento, lo que va a hacer en el momento siguiente. Y por eso la historia es una parte positiva, porque constituye una parte de la Providencia.

En el caso del hombre, ocurre lo que los teólogos llaman el pecado original, por el que el hombre se ha desviado. La humanidad se desvió desde el inicio y, por eso, tiene Dios que intervenir en la historia, tiene que entrar en la historia: es la Encarnación y tiene que construir un edificio un poco más complejo, complicado, que es el de la historia de la Salvación.

Y, por eso, es posible construir una teoría de la Providencia que incluye, al mismo tiempo, las propiedades naturales de los cuerpos físicos, el instinto de los animales, la libertad del hombre y, como cumbre de todo eso, la historia de la salvación. Y eso es lo que he tratado de hacer en mi librito.

– Su diálogo de anoche con Fabrice Hadjajd llevaba por título Quo Vadis, Europa? Eso implicaría que el Viejo Continente iba por un camino del que se ha desviado. ¿Cuál era ese camino?

– Bueno, ese título no lo escogí yo; me lo propusieron y me pareció interesante, aunque temo que mi respuesta sea un poquito pesimista. Me pregunto hoy cuál es el rumbo para Europa, para progresar. Y me pregunto también –y eso es una pregunta más fundamental y todavía más pesimista– si Europa no se ha detenido en algún punto de su recorrido histórico.

Ahora se ve lo que está haciendo la Comisión Europea y todas sus instituciones. Se debe preguntar si siguen proponiendo un proyecto para Europa. Según mi parecer, no hacen nada, sino poner límites, poner reglas. Debemos poner leyes, pero presuponen que haya tal cosa como un movimiento histórico. De vez en cuando me pregunto si Europa no quiere sencillamente salir de la historia, quedarse en un estado de paz, pero de la paz de la muerte, la paz de los cementerios, de la simple supervivencia.

Preguntar, hacerse preguntas, es lo que hacen muy a menudo los filósofos. Las respuestas vienen siempre después de la reflexión filosófica. Ya lo decía Hegel: las lechuzas, que son el pájaro de Minerva, el pájaro de la sabiduría, vienen después. Vienen siempre tarde, siempre más tarde y siempre llevan siempre atraso.

– Ese desviarse del camino, ¿tiene su inicio en un momento concreto?

– ¿Cuándo se ha desviado Europa...? No se puede poner el dedo en un punto específico. Siempre hay dos caminos, dos caminos paralelos: uno que conduce al florecer, al progreso. El progreso es un término que se puede decir sin caer en la ideología progresista.

El otro camino es más estático, que se contenta consigo mismo. Ahora es más potente la tentación de quedarse y de mirar, de gozar de sus resultados, de lo que ha hecho, y Europa ha hecho cosas buenísimas, cosas maravillosas. ¡Pero no basta! No puede uno contentarse con lo que ha adquirido. Si no, nadie va a querer seguir andando. Y por eso es la tentación mayor.