El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo
La dictadura de Nicaragua prohíbe ordenar sacerdotes en las cuatro diócesis con obispos exiliados
Pese a la represión, las nuevas vocaciones siguen floreciendo
La dictadura nicaragüense asfixia aún más a la Iglesia católica. Las cuatro diócesis cuyos obispos se encuentran exiliados –Jinotega, Siuna, Matagalpa y Estelí– no podrán ordenar diáconos ni sacerdotes. Se trata de una medida de castigo más contra la Iglesia con la que el dictador Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, pretenden doblegar a la institución.
Los obispos exiliados han sido expulsados del país por los motivos más peregrinos y arbitrarios: Monseñor Carlos Herrera, obispo de Jinotega y presidente del episcopado, fue expulsado en noviembre de 2024 tras criticar a un alcalde afín al régimen que había interrumpido una misa con música a todo volumen. En julio de ese año, había ordenado a un sacerdote y siete diáconos en la diócesis vecina de Matagalpa.
ACI Prensa ha contactado con tres sacerdotes nicaragüenses en el exilio, que solicitaron permanecer en el anonimato por temor a represalias por parte del régimen. «El gobierno es el que está influyendo en las ordenaciones. Y bueno, además de las ordenaciones, hay muchas cosas, como un poco más de vigilancia» sobre los sacerdotes, dijo el primero de los clérigos contactados. El mismo sacerdote denuncia que el régimen busca «suplantar a los obispos» y algunos clérigos «no luchan para no complicarse la vida, con la idea de salvar a sus diócesis, pero al final están cediendo su mandato a lo que dice el gobierno».
La diócesis más castigada es la que pastoreaba monseñor Rolando Álvarez: Matagalpa. En ella, al menos 32 sacerdotes han sido expulsados de Nicaragua por el régimen dictatorial. «En las diócesis que no tienen obispo, la vigilancia es todavía más extrema para evitar que otro obispo de otra diócesis venga a celebrar algo», ha denunciado un segundo sacerdote.
Según este sacerdote, actualmente hay unos siete candidatos al sacerdocio en Siuna que concluyeron sus estudios en 2025, más otro grupo que terminó en 2024, y ambos siguen a la espera de ser ordenados. A pesar de esta situación, la represión «parece no haber afectado los nuevos ingresos» al seminario. «Las vocaciones no se detienen», asegura.