A partir del hijo pródigo, monseñor Francisco Cerro Chaves invitó a los presentes a contemplar el rostro del Padre que espera, que no humilla, que no se cansa de aguardar y que sale al encuentro para devolver la dignidad al hijo que regresa. «En una prisión, esta palabra resplandece con una fuerza singular, porque recuerda que siempre existe camino de retorno, posibilidad de reconciliación y horizonte de vida nueva», señalan los voluntarios de Pastoral Penitenciaria.