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Exterior del hospital Sant Camil, el pasado 26 de marzo,Europa Press

Los religiosos camilos «acompañaron hasta donde fue posible» a Noelia Castillo antes de recibir la eutanasia

El obispo de Sant Feliu de Llobregat sale en defensa de los religiosos, tras «las preguntas que algunos feligreses me han hecho llegar»

Días después del suicidio asistido de Noelia Castillo, el obispo de Sant Feliu de Llobregat, fray Xabier Gómez, OP, ha querido remitir una carta «en respuesta a las preguntas que algunos feligreses me han hecho llegar respecto a la primera eutanasia practicada en el Hospital Residencia Sant Camil del Consorcio Sanitario del Alt Penedès-Garraf».

Para numerosos creyentes, se trata de un contrasentido que un centro hospitalario vinculado a los religiosos camilos haya permitido que se lleve a cabo un suicidio asistido, por lo que habrían acudido al obispo de la diócesis. Se trata, recuerda monseñor Gómez, de un «centro de titularidad y gestión perteneciente a la sanidad pública», en el que los religiosos camilos «son los responsables del servicio de atención religiosa católica del Hospital», pero no tendrían capacidad alguna de tomar decisiones en su gestión. Según el prelado, los capellanes «acompañaron desde su ingreso y hasta donde les fue posible a la joven Noelia Castillo en una situación personal y familiar complicada, desde el respeto, la cercanía y la asistencia religiosa». «Hicieron todo lo posible para que el desenlace fuera otro. Trabajan por una cultura y una asistencia humanizada y respetuosa de la vida y su cuidado en toda circunstancia», subraya el obispo de Sant Feliu.

Monseñor Gómez enfatiza la defensa de la vida que se lleva a cabo desde la Iglesia católica, y cita «la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe Samaritanus Bonus (2020), sobre el cuidado de las personas en las fases críticas y terminales de la vida», donde se «sostiene con rotundidad que 'la eutanasia es un crimen que ninguna ley humana puede pretender legitimar'».

Un acto inmoral

«La ley española que autoriza la eutanasia, y las resoluciones judiciales que impusieron su práctica en el Hospital-Residencia Sant Camil del Consorcio Sanitario del Alt Penedès-Garraf, no alcanzan a cambiar la verdad moral del acto. Un acto ajeno a la voluntad y principios de la institución camiliana», sostiene el prelado.

La respuesta adecuada a la eutanasia «no pasa por eliminar al que sufre sino por aliviar su dolor, acompañarle y cuidarle con toda la dignidad y dotación de medios que merece», defiende monseñor Gómez. «Aspecto este muy necesitado de mejora en recursos humanos y de presupuesto por parte de nuestro servicio público de salud», denuncia. «Reitero el compromiso de nuestra diócesis con la cultura de la vida e invito a los fieles católicos a discernir y actuar en coherencia con esta enseñanza sobre el valor y el carácter inviolable de la dignidad de toda vida humana cada día; y, a pesar de navegar contracorriente, anunciarlo como buena noticia a los hombres y mujeres de nuestro tiempo», concluye.