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TRIBUNAJaime Mayor Oreja

El papel de los católicos en la sociedad

La primera obligación es la defensa de la verdad. Los católicos, especialmente, tenemos el deber de buscarla, defenderla y asumir el coste que ello implique en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en España ha predominado la incomparecencia mientras la mentira se convertía en ley y la antropología cristiana era desplazada progresivamente de nuestras normas

No atravesamos un momento cualquiera de la historia. Vivimos el final de una etapa de Occidente, aunque no creo que sea la liquidación definitiva de nuestra civilización. Quienes nacimos en los años cincuenta crecimos conscientes de que la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española habían clausurado un periodo histórico. Aquel trauma colectivo evidenció el fracaso de una época mediante las guerras, la expresión más extrema del mal.

Hoy el extremo desorden impregna todos los ámbitos de la sociedad occidental. La distancia entre Estados Unidos y la Unión Europea es cada vez mayor, mientras el estado de bienestar produce un creciente malestar social. La Unión Europea avanza hacia la irrelevancia porque, en lugar de afrontar sus verdaderos problemas y prioridades, se pierde en debates y ocurrencias, como considerar el aborto parte esencial de la Carta de Derechos Fundamentales de Europa, un elemento identitario de su naturaleza.

Este desorden revela una crisis más profunda: la crisis de la verdad. Apenas se habla de la necesidad de un rearme moral o de la decadencia espiritual de nuestra sociedad. Tampoco de la falta de cohesión de los europeos ni de los principios, virtudes y mandamientos compartidos que deberían sostenernos.

Por ello, la primera obligación es la defensa de la verdad. Los católicos, especialmente, tenemos el deber de buscarla, defenderla y asumir el coste que ello implique en nuestra vida cotidiana. Sin embargo, en España ha predominado la incomparecencia mientras la mentira se convertía en ley y la antropología cristiana era desplazada progresivamente de nuestras normas.

Aunque los católicos españoles discrepemos en cuestiones políticas concretas, estamos llamados a afrontar unidos un proyecto de «reversión» de lo ocurrido en los últimos años bajo el pretexto de la autodeterminación de la persona; es decir, de una serie de falsos derechos sustentados en una cultura de comodidad y relativismo.

España vive además un momento crítico. El espíritu reformista que inspiró la Transición, la Constitución y los primeros gobiernos democráticos ha sido sustituido por una lógica de ruptura. La idea de la autodeterminación personal, apoyada en la afirmación de que «la libertad nos hará libres», pretende sustituir la sentencia evangélica de que «la verdad nos hará libres».

Lo mismo ocurre en el ámbito territorial. La autodeterminación de regiones y partes de España no solo contradice la Constitución, sino también la historia y la propia naturaleza de nuestra nación.

España se encamina hacia la fase final de un proyecto de ruptura impulsado por un Frente Popular. Su «relato», es decir, una media verdad, la peor de las mentiras, es señalar la existencia de un debate que enfrenta a una España plural, plurinacional, abierta y tolerante contra otra identificada con la ultraderecha. Incluso cuando pierda el poder, esa estrategia continuará especialmente en Cataluña, el País Vasco y Navarra, donde ya gobierna.

Debemos comprender la magnitud del desafío. No se trata solo de un problema político o territorial, sino también moral, histórico y religioso. Es necesario tomar partido, pero elevando la mirada para comprender el conjunto y no únicamente la parte.

Por eso no es casualidad que NEOS sitúe a España entre los fundamentos que debemos defender. Las próximas elecciones generales serán, en realidad, un referéndum sobre nuestro futuro.

  • Jaime Mayor Oreja es presidente de NEOS