Por su parte, las «vedrunas», como suelen ser conocidas, son una congregación asentada, experimentada y con 200 años de historia. Pero, al igual que otras muchas órdenes religiosas, atraviesan una acuciante crisis vocacional, la media de edad de sus monjas es muy elevada y algunos de los rasgos propios de la vida consagrada, en ocasiones, se han desdibujado: el hábito religioso, el dinamismo apostólico y la fidelidad al Magisterio de la Iglesia, entre otros.