Fundado en 1910

Arquitectas Cristina del Río y Concha Sánchez, en el altar de plaza de LimaCedida

Entrevista

Las arquitectas de León XIV: «Un escenario puede diseñarse para que algo se vea; un altar para que algo suceda»

Cristina del Río Villegas y Concha Sánchez Maíllo tienen una gran labor; junto a otros profesionales han sido las encargadas de diseñar las seis plataformas para la visita del Santo Padre en Madrid

Aunque tu trabajo sea diseñar, planificar y gestionar la construcción o remodelación de edificios y espacios, no todos los días te llaman para hacer el proyecto de los seis escenarios del Santo Padre en su visita a Madrid. Esto es lo que les pasó a Cristina del Río Villegas y Concha Sánchez Maíllo, dos arquitectas de la diócesis de Getafe a las que se les ha encomendado esta gran labor.

A pesar de que ellas son las que han desarrollado el diseño arquitectónico, han querido dejar claro en una entrevista a El Debate que este proyecto «no es el trabajo de dos personas», sino que detrás hay muchísima gente: equipos de liturgia, pastoral, comunicación, producción, técnicos, voluntarios e instituciones que han trabajado de forma coordinada durante meses.

Para ellas, la arquitectura es algo más; «Cobra sentido cuando ayuda a crear encuentro». Por eso, «si los escenarios ayudan a que los que asistan al encuentro con el Papa levanten la mirada, encuentren esperanza o se sientan acogidos, entonces todo el esfuerzo habrá merecido la pena».

–Quienes asistan verán estructuras, materiales y formas; pero ustedes han convivido durante meses con el significado profundo de cada decisión. ¿Cuál es el símbolo que más les importa que la gente comprenda?

–No hay un único símbolo. De alguna manera, el propio lema resume el sentido de todos ellos: cada elemento invita a mirar más allá de lo inmediato, a descubrir que siempre existe una realidad más profunda detrás de lo que vemos y que eso nos habla que estamos llamados a algo más grande que nosotros mismos.

Hay, sin embargo, un símbolo especialmente significativo en el escenario de Cibeles: la cruz situada sobre el altar. Es el punto de encuentro entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres. Nos gustaría que las personas comprendieran que no se trata de un elemento decorativo ni de un recurso formal. Hemos coordinado la ejecución del Cristo crucificado que coronará el altar de la Eucaristía del Papa en Madrid con una técnica de ejecución que ha combinado ligereza y profundidad espiritual. La pieza toma como referencia la estética y el espíritu del taller de artesanía de la Familia Monástica de Belén.

Cruz de Cibeles sobre el altarCedida

–El Papa va a estar en el espacio que han creado con tanto cuidado. ¿Qué sienten al pensar en ello?

–Sentimos alegría y una profunda gratitud, aunque también creemos que hay que acercarse a ello con humildad. Pensar que el Santo Padre celebrará y rezará en unos espacios que hemos diseñado nos sobrecoge. Pero, al mismo tiempo, deseamos que cuando llegue ese momento la arquitectura desaparezca en cierto modo, y que todo contribuya a que el protagonismo sea del encuentro, de la liturgia y de las personas que participen.

–¿En qué momento sintieron que estaban diseñando algo más que un escenario?

–Probablemente cuando comenzamos a trabajar junto a los equipos de liturgia, pastoral y contenidos. Entonces comprendimos que cada decisión arquitectónica tenía una dimensión mucho más profunda. Ya no se trataba únicamente de resolver necesidades técnicas o funcionales, sino de dar forma a un mensaje y a una experiencia compartida de fe y esperanza.

–¿Cómo serán los escenarios? ¿Cuál les parece el más especial?

–Todos comparten una identidad común porque forman parte de un mismo relato, aunque cada uno posee una personalidad propia y está estrechamente vinculado al contenido de la celebración que acoge.

Sentimos un cariño especial por todos ellos, ya que cada uno responde a un momento único e irrepetible de la visita.

–¿Cómo surgió su participación en este proyecto?

–Nos propusieron asumir el diseño de todos los escenarios de la visita del Papa. Llevamos muchos años dedicándonos a la arquitectura religiosa y recibimos la propuesta como una llamada inesperada, pero también como una muestra de confianza de la Iglesia que no podíamos dejar pasar.

«Alzad la mirada» es también una invitación a salir de uno mismo, a descubrir al otro y a abrirse a DiosCristina del Río

–Cuando las llamaron para proponerles este trabajo, ¿cuál fue su reacción?

–La primera reacción fue de sorpresa. Después llegó una mezcla de emoción, vértigo y responsabilidad. Éramos plenamente conscientes de la magnitud del acontecimiento y de los plazos tan ajustados que teníamos por delante. Pero también sentimos que era una oportunidad única para poner nuestra profesión al servicio de algo verdaderamente grande. No lo dudamos demasiado: simplemente dijimos que sí y nos pusimos a trabajar.

–¿Cómo han plasmado el lema 'Alzad la mirada' en los escenarios?

–El lema ha sido nuestra brújula desde el primer día. Queríamos que la arquitectura ayudara a realizar físicamente ese gesto de levantar la mirada. Por eso los escenarios están concebidos como espacios que se abren, se elevan y orientan hacia el cielo.

Pero no se trata solo de una cuestión formal. «Alzad la mirada» es también una invitación a salir de uno mismo, a descubrir al otro y a abrirse a Dios. Hemos intentado que toda la arquitectura hablara precisamente de eso.

–¿Ha habido lágrimas? ¿En qué momento?

–Han sido meses muy intensos, con jornadas larguísimas y numerosas decisiones importantes. Hay momentos en los que uno toma conciencia de la verdadera dimensión del encargo. Cuando dejas de pensar en estructuras y planos y comienzas a imaginar a cientos de miles de personas reunidas en esos espacios, entiendes que estás participando en algo mucho más grande de lo que tú sola puedes aportar.

–Un altar es un lugar de encuentro. ¿Cómo se diseña algo que pretende acoger un misterio y no simplemente a una multitud?

-Esa fue la pregunta fundamental.

Un escenario puede diseñarse para que algo se vea; un altar se diseña para que algo suceda. La diferencia es enorme.

Desde el principio intentamos recordar que no estábamos proyectando un objeto arquitectónico para ser admirado, sino un lugar donde pudiera producirse un encuentro entre Dios y las personas. Por eso la arquitectura debía ser significativa, pero también humilde; bella, pero sin buscar protagonismo.

Parte del escenario de plaza de LimaCedida

No hemos diseñado un lugar para mirar al Papa; hemos diseñado un lugar para que, junto al Papa, todos podamos levantar la mirada.

–Ya es cuestión de días.

–Nos gustaría agradecer la confianza recibida y recordar que este proyecto ha sido posible gracias al trabajo de muchas personas. La arquitectura nunca es una obra individual. Detrás hay equipos, técnicos, colaboradores, instituciones y muchas horas de trabajo compartido.

También nos gustaría que quienes participen en estos actos comprendan que los escenarios son únicamente una puerta. Lo verdaderamente importante será lo que ocurra en ellos: el encuentro entre las personas, la celebración de la fe y la invitación a levantar la mirada hacia Dios y hacia los demás.

Si la arquitectura ayuda a que eso suceda, habrá cumplido plenamente su misión.