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El Papa habla ante un colmado estadio Santiago BernabéuEl Debate

El Papa se encuentra en el Bernabéu con la comunidad diocesana y pide abrazar lo diferente: «No os espantéis, disfrutadlo»

León XIV dedicó el último gran acto de la capital en el estadio del Real Madrid -al que asistieron unas 70.000 personas- a lanzar un mensaje a favor de la convivencia dentro de la diversidad

Dicen los que lo conocen que León XIV es un hombre con dos aristas: el hombre de gobierno, institucional y, al mismo tiempo, un hombre de la misión, que ha estado en la calle . El segundo Papa, el del encuentro, el que rompió el protocolo esta mañana a la salida del Congreso para saludar a la gente es el que ha estado presente en el estadio Santiago Bernabéu.

El encuentro en la última tarde del Santo Padre en Madrid era en esta ocasión con la Iglesia diocesana de Madrid y las diócesis de Alcalá de Henares y Getafe. Con las parroquias, las cofradías, los colegios, movimientos y asociaciones; con los laicos; con los sacerdotes y diáconos, los religiosos y religiosas. Y a esa comunidad diocesana -representada por 70.000 almas- les dedicó un sentido discurso, muy en consonancia con ese hombre de misión, que pisa la calle, que se embarra, que convive con las diferencias, con lo que en su discurso el Papa definió como la «agitación», la «discusión», la «búsqueda de nuevos equilibrios». Ante todo ello, el Papa ha invitado a los presbíteros a «disfrutar»: «No os espantéis de todo esto, disfrutadlo», dijo.

Una «verdad sinfónica»

En este mismo sentido, León XIV habló de «no temer el hecho de que nunca se produzca la uniformidad» y usó como ejemplo a Madrid: «Es una gran ciudad donde conviven tradiciones y 'almas' diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes. Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor, y por tanto, en la libertad». No fue casual la intervención de un matrimonio inmigrante de Perú -país que recibió su respectiva ovación- y que contó cómo vinieron a España para darle a su hija un futuro mejor. Y en este contexto, el Papa habló de una «verdad sinfónica»: «Es importante no dispersarnos ni encerrarnos cada uno en el grupo o en el entorno en el que ya nos sentimos seguros, entre personas que siempre cantan la misma melodía».

Artistas, coros, orquestas y hasta magia

El paralelismo con la música ocupó parte de su discurso: «La familia eclesial está aprendiendo el arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad». También lo hizo el arzobispo de Madrid, José Cobo, quien presentó al Papa en el estadio merengue -y quien lo hizo en todos los actos en Madrid- y habló de la parábola del canto. «Cantad al Señor un cántico nuevo… cantad todos juntos, con un solo corazón y una sola voz», dijo el cardenal citando a San Agustín.

Canto que también formó parte del acto -conducido por Christian Gálvez y Patricia Pardo- que empezó con conciertos y culminó con conciertos. Por el escenario hexagonal -flanqueado por otros más pequeños, también hexagonales y coronado por el que ocupó el Pontífice- pasó desde Dj Pulpo, pasando por Íñigo Quintero, una boyband de curas, La voz del Desierto, hasta David Bustamante, además de un coro y una orquesta que convivieron con trucos de magia de Jorge Blass, bailarines de chotis y la emocionante procesión -en homenaje a las cofradías y a la importancia que tienen para Madrid- del Cristo de Medinaceli y la Virgen de la Almudena.

El Cristo de Medinaceli, presente en el acto en el estadio del Real Madrid

Pasión por el Papa (y el fútbol)

El estadio del Real Madrid, como la realidad diocesana por la que clamó el Papa, fue encuentro. No de dos equipos de fútbol sino de uno -formado por realidades diversas- y con un algo muy similar a lo que sienten los hinchas -esta tarde con sus asientos ocupados por fieles-: la pasión. No faltaron los cánticos de la 'afición del Papa': «Esta es la juventud del Papa» y hasta un emocionante y rotundo «León, León, León» al ritmo del futbolero «Olé, olé, olé». Tampoco faltaron los himnos: «Alza la mirada» -el lema de la visita del Santo Padre-.

Esa pasión también se plasmó en los testimonios que ocuparon buena parte del acto. Susana Arregui, del Consejo diocesano de Laicos le dijo al Papa: «Puedo decir sin dudar que amo profundamente a la Iglesia, familia de Dios, donde todos tenemos un lugar. Soy consciente, junto a muchos hermanos y hermanas, de que, por el Bautismo, estamos llamados a ser apóstoles, anunciadores del Evangelio en medio del mundo». Jesús Moure, miembro de los Consejos de Pastoral que relató su experiencia como padre con dos hijos con discapacidad: «En los momentos de alegría y dificultad de la vida, me he apoyado en la familia, en la Iglesia y he sentido la fuerza del Señor a mi lado para vivir mi fe».

En este último gran acto en la capital -el miércoles se despide de Madrid con un encuentro con voluntarios- León se acercó más que nunca al mensaje de Jesús: «El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace que todos se sientan como en casa».