Fundado en 1910

El Papa León XIV a su llegada al rezo de la media hora que va a oficiar en la Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia en Barcelona

Viaje del Papa a España

El Papa usa brevemente el catalán en su primer discurso en Barcelona y pide «mártires de la concordia» ante un mundo dividido

El Santo Padre ha rezado la Hora Sexta en la Catedral de Barcelona

El Sucesor de Pedro ha aterrizado en Barcelona con la mirada puesta en lo esencial, empezando por hacer referencia a la naturaleza íntima de lo que somos. En la histórica Catedral de la Santa Cruz y Santa Eulalia, el Papa León XIV ha acudido a rezar la Hora Sexta, donde además ha pronunciado una homilía que podría sintetizarse como una enmienda a la totalidad al individualismo y a la polarización que fracturan nuestra sociedad.

Así, León XIV ha rescatado dos imágenes del Concilio Vaticano II para definir la identidad eclesial: la Esposa y el Cuerpo. Al hablar de la Iglesia como «Esposa amada», ha recordado a los fieles catalanes que la fe nace de un acto de amor que nos precede; que no se trata de hacer cosas, sino de «dejarse amar por Dios» para poder construir, entonces sí, obras de amor.

Como recordaba citando a san Juan Pablo II, los barceloneses tienen en su ADN un «ánimo acogedor». Pero el Papa ha ido más allá: ha pedido que ese espíritu se traduzca en un «clima de familia» en las parroquias, en los trabajos y en la vida pública, donde la misericordia y el perdón no sean excepciones.

Contra la polarización

Quizás el punto más tocante de sus palabras ha sido la llamada a la unidad, en una Barcelona que ha definido como «Cap i Casal de Catalunya», recuperando una denominación tradicional. Para el Santo Padre, el trabajo conjunto entre pastores y laicos no es una cuestión de «estilo» o de conveniencia estratégica; es una «necesidad fisiológica» fundada en la gracia.

Así, en una homilía en la que ha alternado entre español y catalán de forma natural y sin estridencias, León XIV ha reclamado a los barceloneses que sean fieles a su «vocación y responsabilidad especial» de convertirse en «constructores de unidad». «Con la ayuda de Dios», ha precisado.

Ha señalado además que, en un mundo «desgarrado por guerras y divisiones», los cristianos estamos llamados a ser «mártires». No se refiere necesariamente a la efusión de sangre, sino al sentido etimológico: ser testigos y profetas de concordia, incluso a costa de renunciar a lo superfluo para salvar lo esencial.

El eco de los santos

La invocación final a santa Eulalia y a la Virgen de la Merced ha servido para sellar un compromiso: el de una Iglesia que muere a sí misma para que el mundo crea. El Papa ha dejado claro que la responsabilidad de Barcelona y de Cataluña es ser hogar abierto, un lugar donde la fraternidad cristiana sea el antídoto contra la fragmentación.

Bajo las bóvedas de la Catedral, ha quedado resonando una exigencia que es también una promesa: «Ser plenamente uno para que el mundo reconozca que el Padre nos ha enviado».